“No podemos parar”, dijeron al interior de Fundación Quiera, cuando las autoridades federales informaron el cierre de las actividades no prioritarias en el país, hace casi un año, al inicio de la pandemia. Y bajo esa premisa las instituciones que trabajan con esta organización civil se han acoplado para seguir adelante con su objetivo: ayudar a los jóvenes en situación de calle.

Carmela Pírez Carbó, directora general de la fundación, explicó que en Quiera han seguido trabajando igual o más que antes, pero de manera diferente, durante el confinamiento.

“Una de las premisas fue flexibilizar los recursos asignados a las entidades y ampliar el plazo del informe que éstas deben presentar para recibir los recursos”, explicó en entrevista con El Economista.

Incluso, dijo que para poder hacer frente a la pandemia, se hizo una convocatoria extraordinaria por 400 millones de pesos ante la necesidad de recursos y se permitió que las organizaciones civiles con las cuales trabajan reasignaran hasta 20% de los recursos.

En una charla vía telefónica, Carmela Pírez explicó que, si bien desde antes en la fundación trabajaban en la atención emocional, tanto de sus colaboradores como del personal de las instituciones con las que colaboran, se han dado las bases para que el impacto emocional no sea tan fuerte, para lo cual se impartieron cursos de desarrollo humano.

Para ello se hicieron alianzas con organizaciones de coaching que les ofrecieron una tarifa preferencial para estar al alcance de todas las posibilidades.

También se impartieron talleres para la contención emocional de los jóvenes y de cómo garantizar los derechos de los niños y los adolescentes internados.

Adicionalmente, se generaron espacios de escucha para la atención emocional de los jóvenes y sus familias, así como de acertamiento a las organizaciones con las que trabajan.

La situación empeoró

En Quiera se trabaja a través de tres esquemas de atención, pero en esta ocasión tuvieron que hacer algunos cambios:

  1. Internados, en los cuales los niños están ahí de lunes a viernes y los fines de semana pueden salir a su casa, ya que son niños que tienen un vínculo familiar, con el cual se trabaja constantemente. “En este caso, se les dio la opción de irse con sus familiar o permanecer en internados durante la pandemia”, explicó.
  2. Albergue, en este esquema los niños y jóvenes no tienen contacto familiar, pues los chicos han sido retirados de sus familias o son chicos institucionalizados. En este caso permanecen de domingo a domingo en las instalaciones. “Aquí los retos han sido como los que tiene cualquier familia”. 
  3. Centros comunitarios, los cuales cerraron durante un periodo y volvieron a abrir con todas las medidas necesarias de sana distancia. “Aquí no hay manera de parar, porque a estos centros se les incrementó la demanda de servicio, pues en las familias que de por sí estaban en situación crítica, ésta se profundizó. Muchos de ellos trabajan en negocios informales y se quedaron sin ingreso; a esto se suma el rezago escolar y la deserción que se está presentando en las escuelas”, narra la directora, quien tiene siete años de experiencia.

“Nos preocupa que los jóvenes y la infancia de nuestro país, están en la agenda. Los jóvenes fueron los primeros en quedarse sin trabajo, y si las mujeres más aún; nos preocupa que se sigan incrementando estas desigualdades sociales”, dijo Pírez Carbó.

En este punto, la entrevistada aclaró que aún es pronto para cuantificar cuánto se incrementó la demanda de los servicios que brindan, pero lo cierto es que “se tuvieron que generar espacios seguros y ofrecer servicios que antes no daban, como la entrega de despensas y de artículos de higiene como cubrebocas”.

Aquí hace una pausa y explica que parte de las reasignaciones de recursos que hicieron las instituciones con las que trabajan fueron precisamente para la compra de alimentos o el pago del sueldo de más colaboradores para apoyar en esta labor.

“Aquí quiero mencionar que en Quiera es tan importante el fin como el medio”, es por ello por lo que una parte muy importante de los recursos que entregamos a las organizaciones, de manera regular, es para el pago de sueldos”.

Hoy su red es de 52 organizaciones (Instituciones Fortalecidas por Quiera, IFQs) y trabajan en 18 estados de la República, aunque hay algunos en donde hay más concentración.