En México se estima que 33% de las mujeres mayores de 15 años está incorporado al sistema financiero formal, cuando en economías avanzadas este porcentaje es de 94%, de acuerdo con el Global Findex del Banco Mundial, por lo que éste será un tema que tenga que atender la próxima administración gubernamental.

De acuerdo con los primeros posicionamientos del equipo que conformará la Secretaría de Hacienda y Crédito Público del próximo gobierno, que encabezará Carlos Urzúa, para tener un desarrollo sostenible es necesario cumplir con cinco objetivos, uno de ellos es lograr la igualdad de inclusión financiera entre los géneros y empoderar a las mujeres y a las niñas.

“No queremos tratar la inclusión financiera como lo ha hecho esta administración (...) una política de inclusión financiera no es repartir tarjetas a los beneficiarios sociales”, detalló hace algunos días Carlos Hernández, quien es parte del equipo de Urzúa, pero que se desconoce si ocupará algún cargo público dentro del equipo del próximo secretario de Hacienda.

“La inclusión financiera es tan importante que es parte de cinco de los siete objetivos del desarrollo sostenible del milenio. se debe tratar la inclusión financiera como parte de un agente detonador de desarrollo económico social. La inclusión financiera, realizada de una manera adecuada, puede combatir la pobreza, puede poner fin al hambre y lograr la igualdad entre hombres y mujeres”, añadió Hernández.

La tarea no es fácil: de acuerdo con los datos de Global Findex, al cierre del 2017, América Latina es una de las áreas con más rezago para las mujeres en materia de inclusión financiera, pues 52% de las mayores a 15 años está bancarizada, en Europa y el centro de Asia dicho porcentaje es de 79% y en América del Norte es de 93 por ciento.

Los factores

Para el CAF, Banco de Desarrollo de América Latina, la brecha de género que existe en materia de inclusión financiera en la región, de 7 puntos porcentuales, se debe a múltiples factores tanto por el lado de la oferta como de la demanda.

Respecto a la demanda, la brecha de ingresos, que tiene su base en la desvalorización de la fuerza de trabajo femenina, repercute en la elegibilidad por parte de la banca tradicional para poder tener acceso a montos mayores de financiamiento respecto a los hombres. Además, los patrones socioculturales han limitado a las mujeres a la propiedad, ha repercutido en que dispongan de menos garantías para ser sujetas de crédito.

Por el lado de la oferta, las actitudes discriminatorias hacia las mujeres, y la falta de información sobre su evolución, limitarían su acceso al sistema financiero. “Es probable que los bancos y su personal estén condicionados por los estereotipos y roles de género de las mujeres en los procesos de evaluación de las solicitudes de créditos, de tal manera que se favorece a los hombres según la división sexual del trabajo”, refiere el CAF.

Añade que, aunque ha habido esfuerzos en la región para atender a más mujeres por parte de algunas instituciones, en especial las microfinancieras, todavía se puede hacer más mediante política pública.