Los fraudes están a la orden del día, y en el ámbito financiero, los usuarios de tarjetas de crédito son una presa frecuente. De enero a junio de este año, la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) recibió más de 900,000 reclamaciones de tarjeta de crédito, muchas de las cuales tienen que ver tanto con rubros que están en manos de la entidad financiera del usuario como otros tantos que son responsabilidad del tarjetahabiente.

De ahí que, en programas como el Buen Fin, en el cual muchos optan por usar su tarjeta de crédito para solventar sus compras, se debe tener especial cuidado, específicamente en un año en el que se han detectado varios tipos de fraudes financieros.

Uno de los fraudes más frecuentes en tarjetas de crédito es el phishing. Desde finales del 2016, la Condusef ha alertado de varios casos de este delito, que consiste en hacerse pasar por una institución financiera para robar información sensible de sus usuarios.

Se envía al usuario un mensaje indicando un error en alguno de sus productos bancarios, frecuentemente banca por Internet, por lo que se le pide información confidencial como números de tarjetas, claves y contraseñas.

Una variante de este modus operandi es el phishing telefónico, también conocido como vishing, en el que los delincuentes simulan ser empleados de un banco, y convencen al usuario de que se están registrando cargos irregulares, con el mismo objetivo: el robo de datos.

Por otra parte, en estas fechas es importante cuidarse de cualquier promoción que le llegue por correo electrónico, ya que puede ser un vehículo para la descarga de un virus en su equipo de cómputo, o bien puede ser un intento de phishing o de ventas fraudulentas (es decir, empresas que ofrecen un producto y que no existen).

Viejos conocidos no descansan

Además de los fraudes antes mencionados, que pueden darse principalmente en compras en línea, no baje la guardia ante los fraudes tradicionales.

Uno de los favoritos de los defraudadores es el tallado de tarjetas, que suele realizarse en cajeros automáticos y opera en grupos que alteran la ranura donde va el plástico. De este modo, al tratar de retirar dinero, una persona le comenta al usuario que el cajero está fallando.

La Condusef explica que después esa persona solicita la tarjeta argumentando que se debe tallar o limpiar, pero justo en ese momento le cambian el plástico y el delincuente se retira.

Detalla el organismo que generalmente un cómplice entra al cajero automático y en lo que el afectado trata de realizar, nuevamente, una operación con la tarjeta que no es la suya, observa el NIP que se está tecleando.

En tanto, si bien no está directamente relacionado con el uso de los plásticos, en estas fechas el uso de créditos en general abunda, debido a la necesidad de liquidez en el corto plazo, por lo que los préstamos exprés responden a ello, y en el proceso, también suelen darse los fraudes.

Los préstamos exprés fraudulentos son aquellas estafas en las que empresas apócrifas, que se hacen pasar por legítimas, ofrecen financiamientos de manera fácil, con garantías como “sin consultar Buró de Crédito” y a bajas tasas de interés.

No obstante, la trampa está en que, para acceder al crédito, se pide un depósito por concepto de “gastos por apertura”, el cual no se devuelve.

juan.tolentino@eleconomista.mx

erp