Si bien el sistema bancario mexicano hoy está bien capitalizado y con niveles razonables de liquidez, existen elementos de vulnerabilidad específicos asociados al incremento en la morosidad en las carteras de crédito al consumo, aunque esto no representa un riesgo de insolvencia para las instituciones, señaló el Consejo de Estabilidad del Sistema Financiero (CESF), integrado por autoridades de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y del Banco de México.

En su informe anual sobre el estado que guarda la estabilidad del sistema financiero en México, el CESF destaca que, durante el 2017, la cartera de la banca múltiple mostró una desaceleración en todos los segmentos, convergiendo en tasas de alrededor de 9.3% anual nominal, lo cual es atribuible, afirma, a factores como la incertidumbre respecto del entorno económico y al deterioro de algunas carteras específicas, las cuales son susceptibles a mostrar detrimento en su calidad ante episodios de menor crecimiento económico y mayores tasas de interés.

Precisa que la cartera comercial creció a una tasa nominal anual de 9.9%, menor a 13.8% de diciembre del 2016; mientras que la de consumo no revolvente aumentó 8.6 contra 14.7% del año previo, y la de vivienda 8.4%, casi 2 puntos porcentuales menos.

En el caso del Índice de Morosidad (Imor) de la cartera total, en términos generales, éste ha tenido una disminución en los últimos dos años, pasando de 2.6% en diciembre del 2015 a 2.1% en diciembre del 2017. Sin embargo, refiere, este comportamiento es disímil entre carteras, pues, mientras la cartera comercial se mantuvo alrededor de 1.3% y la de vivienda en 2.7%, la de consumo volvió a repuntar de 4.2% en el 2016 a 4.5% en el 2017.

El documento destaca que, si bien, la cartera de consumo continuó expandiéndose a una tasa de doble dígito durante la mayor parte del 2017, “es un hecho que las instituciones de banca múltiple han moderado su crecimiento, debido al deterioro crediticio asociado con esta cartera, el cual es posiblemente explicado, a su vez, por la mayor carga financiera a la que han tenido que hacer frente los hogares”.

No obstante, puntualiza el CESF, si bien dicho incremento es detectado como una vulnerabilidad, no representa un riesgo de insolvencia para las instituciones.

Explica que la cartera de consumo está compuesta 60% por créditos no revolventes (nómina, personales y otros) y 40% por revolventes (tarjeta de crédito). A diciembre del 2017, este portafolio presentó una tasa de crecimiento nominal anual de 8.5 por ciento. Sin embargo, en el 2017, los créditos de nómina perdieron impulso y cerraron con un alza de apenas 3.0%, 11.3 puntos porcentuales menos que en diciembre del 2016.

“Asimismo, la cartera de créditos personales muestra un ritmo de crecimiento menor que en el 2016, con una tasa de 12.5% al cierre del 2017, 1.7 puntos menos que en diciembre del 2016. Por el contrario, los créditos de tarjeta, que tuvieron un crecimiento mínimo de 1.2% en abril del 2015, mostraron una reactivación importante durante el 2016, misma que se mantiene para el 2017 con una tasa nominal anual de 8.4 por ciento”, indica.

La autoridad destaca que aun dentro de las carteras de consumo se observan comportamientos de deterioro diferenciados entre los distintos subsegmentos de cartera, pues en el caso de consumo revolvente, el Imor ajustado (cartera vencida más quitas y castigos) había tocado su mínimo en noviembre del 2016 con 14.2%, pero durante el 2017 se revirtió esa tendencia y en octubre se ubicó 16.1% para finalizar el año en 15.8 por ciento.

Dentro de la cartera de consumo no revolvente, la morosidad correspondiente a créditos personales pasó de 12.3% en diciembre del 2016 a 14.6% en diciembre del 2017; en los de nómina permaneció alrededor de 12.0% durante el 2017.

El CESF señala que, en el caso de las carteras de consumo revolvente y no revolvente, la cobertura de reservas a las quitas y los castigos de 12 meses muestran una brecha entre las pérdidas reales de 12 meses que están enfrentando las instituciones y las reservas preventivas creadas para afrontar dichas pérdidas.

VIVIENDA, EVOLUCIÓN ADECUADA

En cuanto a la cartera de vivienda, el CESF refiere que, en general, muestra una evolución adecuada y estable en relación con su nivel de riesgo, además de que no se registran señales de deterioro.

En lo referente a la cartera comercial, indica que el Imor siguió con una tendencia decreciente iniciada en el 2014, alcanzando un valor de 1.8% al cierre del 2017.