La Comisión Europea va a debatir hoy miércoles varias propuestas para cubrir el agujero de entre 10,000 millones y 13,000 millones de euros al año que dejará el Brexit en el presupuesto de la Unión Europea (UE) para el periodo 2021-2027.

Entre ellas, que los beneficios que generan el Banco Central Europeo (BCE) y los bancos centrales nacionales por el señoreaje de la emisión de billetes vaya al bote común. Según el Ejecutivo comunitario, esto podría aportar 56,000 millones de euros durante todo el marco presupuestario, unos 8,000 millones de euros al año, según la noticia fue adelantada ayer por el diario británico Financial Times y confirmada por Expansión.

Los beneficios del señoreaje provienen de los intereses que pagan los bancos comerciales a los bancos centrales por los préstamos que suelen pedir para comprar billetes de euro.

En estos momentos, como las tasas de interés son cero, el beneficio generado por este concepto es también cero, pero en cuanto la situación se normalice, este tipo de ingresos regresará. En el 2013, cuando las tasas estuvieron a 0.75%, a 0.50% y a 0.25%, los bancos centrales de la zona euro y el BCE ganaron 5,075 millones de euros.

Pero la propuesta tiene que superar obstáculos políticos y conceptuales. Para empezar, está el problema de siempre: que hay muchos países que no quieren enviar más dinero a Bruselas. En estos momentos, el beneficio que genera el BCE se distribuye entre los bancos centrales nacionales, que lo suman a su propio beneficio. En la práctica, la mayor parte de ese dinero acaba en los Tesoros de cada país. Por tanto, los ministros de Economía dejarán de ver ese dinero.

En segundo lugar hay un problema conceptual: la eurozona está formada por 19 Estados miembros, pero la UE son 28 (27 cuando salga el Reino Unido). Esto va a ser una línea roja para casi todos los ministros del euro, así que será necesario algún mecanismo que equilibre la situación.

Una opción sería que los Estados miembros que no están en el euro enviaran al presupuesto comunitario los beneficios por señoreaje de sus propias divisas. Pero esto lleva al mismo problema de antes. No solo supone quitar recursos de las haciendas nacionales, sino que entre estos países no euro están, por ejemplo, Dinamarca y Suecia, que ya están entre los principales contribuyentes netos al presupuesto comunitario y, en consecuencia, son dos de los más reticentes a aumentar la contribución.

Una segunda posibilidad sería usar ese dinero para financiar una eventual capacidad fiscal para apoyar a países del euro que entren en crisis. Pero aquí habría que empezar por la mayor y convencer a varios miembros del euro que se oponen firmemente a crear esa herramienta.

Una tercera alternativa sería que el dinero sirviera para reducir la contribución nacional de cada país al presupuesto de la UE. Eso sería políticamente más digerible, pero dejaría sin resolver el problema principal: el agujero financiero que genera el Brexit. No hay solución fácil.

El debate sobre esta propuesta llega tras meses de diálogos entre la Comisión Europea, el BCE y el Parlamento Europeo. El eurodiputado socialista español, Jonás Fernández, ha sido uno de los principales impulsores de la idea. El BCE advierte de que cualquier cambio en su sistema de redistribución de beneficios requiere una reforma de sus Estatutos.