La tormenta desatada por el ex ejecutivo de Goldman Sachs, Greg Smith dividieron las opiniones de las empleados del banco estadounidense, pero las declaraciones de Smith apuntan a cuestionar sobre todo el liderazgo de su actual presidente, Lloyd Blankfein.

De acuerdo con información de El Economista de España (eleconomista.es) varios empleados de Goldman Sachs a los que contactó mostraron su solidaridad y apoyo con la carta publicada este miércoles por Greg Smith, quien fuera responsable en Estados Unidos del negocio de derivados de Europa, Oriente Medio y África.

Reconocieron además que la cultura del banco se ha "intoxicado".

"Todos mis compañeros y yo estamos completamente de acuerdo con las opiniones expresadas por Smith", dijo un empleado de Goldman, quien no quiso ser identificado ante posibles represalias. "La cultura corporativa ha cambiado mucho durante los últimos años, se ha intoxicado", añadió.

Sin embargo, no todos los empleados comulgan con la idea de Smith. The New York Times citó a varios ex empleados del banco que criticaron duramente las formas del exdirectivo de Goldman.

Creo que es algo poco ético cobrar en efectivo los cheques de Goldman durante los últimos 12 años y luego lanzar un cóctel molotov antes de abandonar la compañía", dijo un antiguo ejecutivo de Goldman, que trabajó 20 años para la compañía.

Sin embargo, abunda elEconomita.es los exempleados reconocieron que la polémica actual nace de un problema de liderazgo.

Y es que la figura de Lloyd Blankfein, actual consejero delegado del banco, lleva en el disparadero mucho tiempo, al grado de que ya se especula su reemplazo antes del verano.

Como delegado consejero y presidente de Goldman, Blankfein hizo frente a la crisis financiera de 2008. Sin embargo, sufrió un importante revés cuando la Comisión de Mercados y Valores (SEC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos denunció a la compañía por haber engañado a sus clientes mediante la venta de complicados productos de inversión.

El caso "Abacus" costó a Goldman una multa de 550 millones de dólares, un récord para la industria y una profunda mancha en el historial de la compañía y su propio CEO.

apr/ Con información de El Economista.es