Los nuevos bancos pequeños que entraron al mercado, sobre todo entre el 2012 y el 2013, siguen sin generar utilidades, por lo que algunos de éstos, incluso, ya están en proceso de venta.

Aunque unos sí han logrado generar beneficios para sus socios, en otros son continuas las cifras negativas. Muchos provienen de otras figuras financieras como sociedades financieras de objeto múltiple no reguladas (sofomes ENR) que  entraron al negocio bancario con intención de captar recursos del público y poder fondearse, pero las cargas, sobre todo regulatorias, los han absorbido.

Es el caso de Bankaool, proveniente de una sofom, que a abril pasado tenía un resultado neto negativo de 14 millones de pesos de acuerdo con información de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV); aunque un año antes, la pérdida sumaba 35 millones de pesos.

Hoy este banco está en proceso de venta al Grupo Financiero Ve por Más, uno de los llamados medianos.

De números negros a rojos

Otro banco de esta generación, Banco Inmobiliario Mexicano, aunque ha tenido crecimientos importantes en su cartera, el resultado neto a abril pasado era de -16 millones de pesos, cuando un año antes el beneficio fue de 9 millones de pesos. Apenas a inicios de este año, anunciaron sus proyectos para los siguientes meses, pero hoy se sabe de manera extraoficial que ya está también en proceso de venta.

InvestaBank, ahora Accendo Banco, también ha pasado por un proceso complicado de consolidación. A abril pasado, con base en la información de la CNBV, registraba un resultado negativo de 94 millones de pesos y en abril del 2017 la pérdida era de 81 millones de pesos.

De acuerdo con sus directivos, el banco ya tiene el capital suficiente para despegar en esa nueva etapa que acaba de iniciar y que incluye el cambio de nombre e imagen. Incluso, el banco está en proceso de compra del negocio fiduciario de Deutsche Bank México, con lo que esperan repuntar, una vez que las autoridades den el aval.

Otro de los bancos nuevos pequeños que han entrado al mercado en los últimos años, pero que sí han registrado resultados positivos, son Bancrea, que a abril pasado presentaba una utilidad neta de 19 millones de pesos; Forjadores, especializado en microfinanzas, con una ganancia al cuarto mes del año de 1 millón de pesos (4 millones en abril del 2017); y Dondé Banco (especializado en el negocio prendario) con una utilidad de 3 millones de pesos en el mismo periodo, pero abajo de los 6 millones logrados un año antes.

Finterra, otro banco de este grupo de nuevos bancos pequeños, tenía un resultado negativo a abril pasado de 8 millones de pesos, contra los 33 millones de pesos registrados un año previo.

Siete vs. siete

Estos siete bancos representan apenas 0.31% de los activos totales de la banca en México, mercado dominado por el llamado G7, grupo integrado por los bancos más grandes del país que son: BBVA Bancomer, Banorte, Santander, Citibanamex, HSBC, Scotiabank e Inbursa. Sólo estos siete concentraban, a abril pasado, casi 80% de los activos totales de la banca y casi el mismo porcentaje de las utilidades totales del sector.

Tan sólo a abril pasado BBVA Bancomer registró una utilidad neta de 14,752 millones de pesos (30% del total).

Consolidación del sistema

Desde hace algunos meses, dentro del sector bancario mexicano se ha hablado de un inminente proceso de consolidación en el mediano plazo que incluirá la venta, fusión o incluso la desaparición de algunos de estos bancos pequeños de reciente creación, como consecuencia precisamente de que no han logrado los resultados esperados para sus socios, principalmente como consecuencia de los costos regulatorios.

Cabe recordar que otro banco de este grupo, Banco Bicentenario, que provenía de una unión de crédito, quebró en el 2014 a un par de años de haber entrado en operación.

La agencia HR Ratings se refirió recientemente a que hay fuertes retos para la consolidación de los bancos de menor tamaño, pues el crecimiento del volumen de las operaciones se ha visto comprometido debido a cuestiones de mercado que, en conjunto con los cambios en generación de reservas y el creciente gasto administrativo por carga regulatoria, han llevado a mostrar desfases en sus planes de negocio, llevando a mayores necesidades de capital.

Por su parte Eduardo Osuna, director general de BBVA Bancomer, ha insistido en la necesidad de que haya una consolidación del sistema bancario mexicano, pues hay algunas entidades que no han podido con el costo que representa sobre todo la carga regulatoria.

“Me parece que en el sistema financiero mexicano tendrá que haber una consolidación, que no quiere decir que va a haber menos competencia; al revés, en la medida en que los bancos estén más fuertes, te genera más competencia”, dijo en una entrevista reciente con El Economista.