En América Latina (AL), donde 49% de la población, o más de 200 millones de personas adultas, no tiene una cuenta bancaria formal, existen barreras por el lado de la oferta de servicios financieros que impiden una mayor inclusión financiera y por ende un avance en el crecimiento de las economías de la región, indicó el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

De acuerdo con un estudio reciente del BID que analiza las situaciones por el lado de la oferta y las barreras que de ella se generan para la inclusión financiera, los costos transaccionales y de información relacionados con la intermediación financiera, son factores relevantes que impiden la inclusión de más personas en la región.

“Existe una serie de barreras del lado de la oferta derivadas de los costos de transacción e información asociados a la intermediación financiera, que son relevantes a la hora de explicar la exclusión del sector financiero en América Latina y el Caribe”, detalló el BID en dicho reporte.

“La exigencia de colaterales y garantías —añadió—, el alto precio de los productos financieros y sus tarifas de uso, y los costos de transporte o desplazamiento son algunos ejemplos (de las barreras para la inclusión)”.

Según el organismo presidido por Luis Alberto Moreno, ante este panorama deberían de existir políticas gubernamentales enfocadas a paliar dichas distorsiones, por ejemplo, el desarrollo de productos financieros de fácil uso y menores costos o simplemente gratuitos, además de la apertura de puntos de acceso con menores costos, mediante figuras como los corresponsales bancarios u oficinas móviles.

Asimismo, el BID resaltó que el uso de las nuevas tecnologías puede ser un factor fundamental para abaratar dichos costos de transacción y en apoyo de la telefonía móvil para transacciones financieras.

El reporte resaltó que es innegable que la inclusión financiera apoya al crecimiento de las economías de los países y un mayor acceso al sistema financiero formal tiende a generar una estabilidad financiera por medio de un sistema más diversificado, una intermediación más eficiente y una mayor capacidad de resistencia de los hogares a las vulnerabilidades y shocks económicos.

“Diversos trabajos empíricos han mostrado cómo la inclusión financiera tiene el potencial de disminuir la desigualdad y la pobreza, e incentivar el crecimiento económico”, acotó el estudio.

Todo este panorama, aseguró, ha tenido como resultado diversas intervenciones públicas y privadas, con el fin de fomentar la participación de la población en el sector financiero formal; sin embargo, el informe destacó que todavía hay retos que no se han logrado superar pese a dicha intención.

“A nivel mundial, 2,000 millones de adultos no tienen una cuenta de ahorros en el sector financiero formal. Este fenómeno es especialmente acentuado en los países en desarrollo. Para el caso de América Latina y el Caribe tan sólo 51.1% de la población adulta tiene una cuenta bancaria en una institución financiera formal, comparado con 94% en los países desarrollados a nivel mundial”, explicó el reporte.

Trabajo en la demanda

Por el lado de la demanda, el estudio también señaló diversas áreas de oportunidad que pudieran ayudar en una mayor inclusión, por ejemplo, que existe una gran falta de confianza en las instituciones financieras formales, además de restricciones sociales debidas a los servicios financieros informales.

El reporte enfatizó a la educación financiera como un eje de apoyo para corregir las distorsiones en la demanda especialmente en el tema de la confianza. “Los programas de educación financiera que informan sobre los productos de ahorro y las propias instituciones, las políticas de protección al consumidor financiero y la regulación de las entidades financieras parecen ser fundamentales para la generación de dicha confianza”.

De acuerdo con el estudio, es conveniente que existan políticas e intervenciones que ataquen las barreras de oferta y demanda, por ejemplo, la apertura de sucursales del sistema financiero formal en áreas remotas y el mayor uso de corresponsales, acciones que deberían de estar acompañadas por educación financiera para poblaciones vulnerables con bajo o nulo uso de productos financieros formales y escasa confianza en el sector financiero.

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