En marzo pasado, en el marco de la 83 Convención Bancaria y sólo unos días antes de que se decretara la contingencia en México por la pandemia de Covid-19, Luis Niño de Rivera, presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM), afirmó que la banca estaba preparada para hacer frente a lo que viniera.

Siete meses después y tras importan tes choques que se han registrado en el sector salud y la economía, el líder de los banqueros mantiene esa postura, aunque resalta que prevalece la incertidumbre. “Seguimos pensando que la banca es parte de la solución y estamos preparados para lo que venga”, dice.

Agrega: “Ahora, no sabemos exactamente de qué tamaño es lo que viene, porque lo vamos a ir midiendo mensualmente, pero seguimos con solvencia y fortaleza que nos permiten trabajar de cerca con nuestros clientes para seguir apoyándolos”.

En la actualidad la banca se encuentra en la segunda etapa de apoyos a sus clientes, misma que comprende reestructuras de créditos para quienes tengan problemas económicos y requieran el apoyo.

La primera fase fue de diferimientos de pagos por entre cuatro y seis meses, los cuales están concluyendo.

“Menos de un mes después de eso (del inicio de la contingencia) ya estábamos ofreciendo los diferimientos. Estos surtieron su efecto en su momento, estuvieron abiertos y disponibles para todos hasta el 31 de julio. Ahora estamos en la segunda etapa. La banca hasta ahorita ha sido parte de la solución porque sigue teniendo indicadores financieros muy sólidos de capitalización, liquidez y reservas preventivas”, comentó.

El banquero reconoce que aunque a septiembre los niveles de morosidad se mantenían estables, sí habrá un incremento en este indicador durante los próximos meses, pero destaca el incremento en las reservas que han hecho los bancos para atender la problemática.

“Tenemos que darle tiempo a estos programas para que surtan efecto. Al cierre de cada mes vamos a ir viendo cómo se está comportando la cartera de la banca. Vamos midiendo cada mes qué efecto tuvo el programa de reestructuras que cada quien aplique, y cuáles son aquellos clientes que no han podido hacer frente a sus compromisos aún dentro de estos programas; que hayan perdido todo su ingreso, que su negocio ya no funcione. En fin, tendremos que ir identificando esas condiciones”, puntualiza.

Banca debe mantenerse sana

Luis Niño de Rivera recuerda que al inicio de la contingencia, se pensaba que ésta duraría sólo unos meses, pero se ha extendido y no se sabe aún cuándo pueda haber una solución. Además, comenta, en el caso de México aún no ha terminado la primera ola de contagios.

“Entonces una situación difícil de corto plazo que era la perspectiva inicial, se está convirtiendo en una situación compleja de mediano plazo. Dependemos de la solución de los laboratorios que están trabajando en una vacuna o en un antídoto, pero no tenemos claro cuándo puede ser eso”, dice.

Se tiene que seguir en la lucha por mantener a la banca sana. “Por seguir apoyando a nuestros clientes y juntos, reguladores, bancos y clientes”, dijo.

Refiere que a medida que no se pueda pasar del semáforo rojo a naranja, amarillo o verde, el impacto económico está siendo muy severo. “Ahora, tenemos que empezar a pensar en cómo vamos a vivir si esto no se arregla pronto, porque no podemos seguir encerrados permanentemente”.

El presidente de la ABM asegura que, de forma recurrente, la banca tienen un diálogo muy positivo y propositivo con las autoridades financieras, y prueba de ello es que durante meses se ha trabajado de manera conjunta en los programas de apoyo a los clientes.

“Esto (la pandemia) es totalmente inédito. No tenemos experiencia previa en este tipo de situaciones porque nunca habíamos colapsado la economía voluntariamente en 170 países a la vez.

eduardo.juarez@eleconomista.mx