Los desastres naturales, como huracanes y terremotos, generan cada año mayores costos tanto para el gobierno federal como para el sector asegurador, por lo que es necesario implementar políticas públicas que permitan realizar esquemas de aseguramiento entre el sector público y el privado, coincidieron expertos en el tema.

Entre 1980 y 1990 estos fenómenos causaron daños anuales por 730 millones de pesos, mientras que entre el 2001 y el 2010 el costo promedio anual ascendió a 21,950 millones de pesos; es decir, casi 30 veces más, explicó el director de Relaciones Gubernamentales de AXA Seguros, Hugo Martínez McNaught.

Ante este panorama, es fundamental que exista una relación entre gobierno y aseguradoras para minimizar los costos por estos desastres. Entre mayor sea la participación del sector asegurador, menor requerimiento de recursos se necesitarán del Fondo de Desastres Naturales (Fonden) , expuso.

Manifestó que a pesar de que el sector asegurador ha mejorado en las últimas dos décadas aún es insuficiente su participación para responder a los costos totales de estos eventos.

En los últimos 30 años, estos fenómenos naturales han generado pérdidas de casi 50,000 millones de dólares, lo que ubica a México entre los 40 países con las pérdidas económicas más altas, de acuerdo con estudios de la Organización de las Naciones Unidas.

Insuficientes, recursos del Fonden

Alrededor de 70% de la población mexicana se encuentra expuesta a sufrir cualquier catástrofe natural como terremotos, huracanes, actividades volcánicas y tormentas; sin embargo, los recursos del Fonden siguen siendo insuficientes.

En el 2012 los recursos asignados a este fondo fueron por 5,296 millones de pesos; no obstante, los costos por desastres naturales representaron más del triple de su presupuesto, por un monto de 16,821 millones de pesos, evidenció el director ejecutivo jurídico de AXA Seguros, Gerardo Fonseca.

El mayor impacto se observó en el 2010, cuando el Fonden tenía recursos por 150 millones de pesos, pero los desastres naturales costaron 91,362 millones de pesos. Otro ejemplo, es el costo de Ingrid y Manuel en el 2013, que costaron 75,000 millones de pesos, y el Fondo sólo contaba con 5,197 millones de pesos , detalló.

De cinco empresas que sufren un desastre natural, sólo dos sobreviven en los siguientes años. O bien, dos terceras partes de las empresas que se ven afectadas por un fenómeno natural que dura dos semanas cierran en los siguientes años, porque no pueden reponerse de los daños , expone Fonseca.

En el 2013, la Organización para la Cooperación de el Desarrollo Económicos recomendó a México incrementar sus inversiones en la prevención de riesgos ante desastres naturales, dado que el costo por estos daños llega a representar 600 veces más de los que se destina al Fonden.

Microseguro catastrófico, una opción

Los desastres naturales siempre afectan a quienes menos recursos tienen. En México, 52% de las viviendas está habitado por personas en estado de pobreza extrema, lo que les impide tener recursos para adquirir un seguro.

La Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) ha propuesto al gobierno federal la creación de un microseguro catastrófico, un producto que sería accesible y barato para los habitantes de las zonas más riesgosas.

Actualmente sólo cuatro de 32 estados de la República tienen un seguro específico para catástrofes naturales. En diferentes países se han hecho programas pilotos sobre el microseguro catastrófico y funcionan , aseguró el director de Daños y Autos de la AMIS, Luis Álvarez Marcen.

En México, lo primero que se debería hacer es dispersar el riesgo para que el microseguro, figura todavía poco utilizada, no sea caro y los estados puedan pagarlo, expresó Álvarez Marcen.

Detalló que estados como Tabasco, Yucatán y Baja California tienen mayor riesgo catastrófico, por tanto su costo sería mayor, pero si existiera una contribución por cada uno de los estados, el precio sería menor y se solventaría cualquier evento.

Cada estado debería contar con un microseguro para equilibrar el costo de la póliza, ya que hay lugares donde los riesgos a fenómenos naturales son menores .

elizabeth.albarran@eleconomista.mx