Ya es un sentir común que China y EU enfrentan la mayor guerra comercial en la historia y que ésta tendrá repercusiones en las cadenas productivas (exportación e importación); en las personas por el impacto en los empleos; en los consumidores por el traslado de los aranceles al producto final; y en el mercado de valores por el nerviosismo e inseguridad de los inversionistas.

Desde el cierre del consulado americano en Chengdu ordenado por China hasta la instrucción de EU a Pekín de cerrar su consulado en Houston y la sanción de China a 11 funcionarios de EU por interferencia en Hong Kong, además del dicho de EU de que China atacará de forma cibernética la infraestructura electoral de su país buscando evitar que Trump se reelija y la orden ejecutiva de Trump del 14 de agosto para que ByteDance venda Tik tok en 90 días máximo, todo es tensión geopolítica que podría provocar una reacción en cadena que empeore la endeble situación económica internacional provocando el próximo año una reducción del crecimiento de alrededor del 0.5% o más, la cual impactaría más a EU que a China considerando que el primer país crece al 2-3% anual y segundo al 6-7 por ciento.

Pero el daño no se quedaría en esas dos naciones, repercutiría en otros países por las alteraciones en la cadena de suministro, que si bien podrían ocasionar un cambio en los flujos de manufactura no sería fácil ni a corto plazo, por lo que al final no solo habría un perdedor, tomando en cuenta a los protagonistas de la batalla comercial, sino múltiples perdedores.

Cabe recordar que los aranceles estadounidenses Smoot-Hawley promulgados en 1930 inspiraron una guerra comercial y condujeron a una caída del 66% en el comercio mundial entre 1929 y 1934, mientras que las exportaciones e importaciones de EU hacia y desde Europa también cayeron en alrededor de dos tercios. ¿A quién beneficia esta guerra comercial? Es un hecho que el análisis debe hacerse desde dos perspectivas, la económica y la política; y en este momento, a poco más de dos meses de las elecciones en EU vale la pena detenerse en la política.

La administración de Trump ha sido tortuosa con todos los países. Sin ir más lejos, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2019 dijo que “el futuro no pertenece a los globalistas, el futuro pertenece a los patriotas”. En su participación se dirigió a varios países; a China le advirtió que el tiempo de los abusos en materia comercial ha terminado y no ve necesario llegar a un acuerdo comercial antes de las elecciones estadounidenses de 2020 y que no aceptará un acuerdo parcial, sino uno completo antes de levantar los aranceles que ha impuesto a sus productos.

Las elecciones están en puerta y mientras Trump bloqueaba los fondos para la votación por correo por USD$3.5MM, criticando que puede ser motivo de fraude y espera la convención republicada del 24 al 27 de agosto, el demócrata Joe Biden designaba como compañera de fórmula a Kamala Harris la primera mujer negra y persona de ascendencia asiática en unirse a la fórmula electoral para la presidencia. Hasta el cierre de esta edición los sondeos y las casas de apuesta le daban una ventaja a Biden, en tanto que la ventaja de los demócratas para el Congreso era del 6% y de 1% para el Senado.

¿Qué pasará con la batalla comercial? Los hechos se siguen acumulando para ver de qué lado se inclina la balanza mientras los diferentes mapas se pintan de colores: el de EU entre rojo y azul; y el mundial dependiendo si se trata de la economía o del Coronavirus, en el entendido de que los tres están entrelazados y al momento, en el que corresponde a la crisis sanitaria, EU está en primer lugar en contagios y China va a la zaga.

*El autor es Vicepresidente de Contenido Editorial del IMEF.

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