Al inicio de la pandemia, la orientación que debía tener la política monetaria global fue muy clara. Ante el cierre de las economías, y la subsecuente desaceleración de la demanda y de la inflación, lo que se requería era mayor estímulo. La magnitud, el momento y las herramientas fueron distintas entre los diferentes bancos centrales, pero la gran mayoría tomó medidas acomodaticias. En el caso específico de la Fed, el ciclo de baja en tasas inició en julio del 2019, finalizando en marzo de 2020, con un recorte total de 225 puntos básicos. A su vez, el banco central utilizó otras herramientas, entre las que hoy se mantiene el programa de compra de activos, con adquisiciones al mes de 80,000 millones de dólares en Treasuries y 40,000 millones de dólares en MBS.

Ante la reapertura de las economías, el escenario ha cambiado drásticamente y el fuerte repunte que ha tenido la inflación ha llevado a varios bancos centrales de mercados emergentes a iniciar agresivos ciclos de alza en tasas.

Esto, a pesar de los retos que aún prevalecen para el crecimiento económico, especialmente ante la variante “delta” del coronavirus. Por su parte, las economías avanzadas no han estado exentas de este repunte en la inflación, por lo que el escenario para la Fed también se ha complicado. La oferta no está pudiendo hacer frente al repunte de la demanda debido, en buena medida, a las disrupciones en la cadena de suministros. A esto se han sumado las alzas en los precios de los commodities y las bajas bases de comparación, lo que llevó a la inflación en Estados Unidos a 5.4% a/a en junio, con la subyacente en 4.5% a/a, en un entorno donde el objetivo de la Fed es de una inflación promedio de 2.0 por ciento.

Si bien el alza en los precios apuntaría a que lo más adecuado sería empezar a retirar el estímulo monetario, hay dos factores que todavía generan dudas: el primero, los miembros de la Fed han sido enfáticos en que se trata de alzas transitorias y, por lo tanto, no se requiere de una acción en este momento; el segundo es que, a diferencia de otros bancos centrales, la Fed no tiene como único objetivo la inflación, sino también la meta de máximo empleo y Powell ha explicado que aún están algo lejos de un “progreso sustancial” hacia dicha meta.

A pesar de los puntos anteriores y de los retos que aún sigue generando la pandemia para el crecimiento económico, lo cierto es que, en su última reunión, el FOMC reconoció explícitamente un avance hacia sus objetivos. Derivado de lo anterior, la comunicación del banco central luce ligeramente más hawkish. Ante la fortaleza que es muy probable que muestren los próximos reportes de empleo y la señal de los avances ya logrados, la Fed parece cada vez más cerca de iniciar el tapering. Es muy probable que veamos un anuncio en la reunión del FOMC del 22 de septiembre explicando que la reducción en el monto de compra de activos iniciará en diciembre. Como antesala, Powell probablemente adoptará un tono más hawkish en la reunión anual de Jackson Hole que se celebrará del 26 al 28 de agosto.

*La autora es subdirectora de Análisis Económico Internacional de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión de Grupo Financiero Banorte ni sus subsidiarias o filiales.