Como es típico en mercados, este verano ha transcurrido con relativa calma para las bolsas y otros activos financieros. La mayor disyuntiva en la mente de los inversionistas se mantiene centrada en el efecto que tendrá el retiro de estímulo monetario una vez que la Reserva Federal inicie la normalización de su política ultra laxa —con el primer paso siendo el anuncio de la reducción de su programa de compra de activos—, así como el proceso de la recuperación económica global.

Este último actualmente enfrenta su momento más frágil de los últimos meses ante el rebrote de contagios por Covid-19 e incluso nuevas medidas de confinamiento en algunas regiones que, si bien ya han tenido efecto en algunos sectores como los commodities, dados los riesgos inherentes a la demanda global, su efecto ha sido por lo pronto relativamente contenido en otras clases de activos.

Bajo este contexto, en las siguientes semanas los mercados reintegrarán liquidez y mayor profundidad de operación con una agenda más nutrida en términos de potenciales catalizadores que pudieran activar correcciones, volatilidad y presiones a los activos de regiones emergentes. Entre ellos destaca mayor presión canalizada por alzas a las tasas de rendimiento de los Treasuries norteamericanos, cuyo desempeño se ha mantenido en una banda estrecha los últimos dos meses tras su fuerte apreciación iniciada en abril.

En Banorte pensamos que el nivel actual de las tasas de los Treasuries, específicamente de aquellas de largo plazo, se mantiene bajo relativo a sus fundamentales y, en consecuencia, el esperado tapering de la Fed pudiera detonar una nueva fase de presiones que a su vez activarían ajustes correspondientes a las tasas de bonos de otras regiones y activos de riesgo en general.

Sería deseable que la Fed lograra conducir el ajuste a su política monetaria evitando un periodo de volatilidad como el observado en el Taper Tantrum de 2013; sin embargo, el sólo movimiento de la nota de 10 años de niveles de 1.25% actuales a 1.75% que pronosticamos para fin de año conlleva una elevada probabilidad sobre una escena de mayor estrés financiero. Actualmente el consenso de estimados de Bloomberg compuesta por 50 participantes estima un nivel de 1.64% para el cierre de 2021.

Sin embargo, la posibilidad de que las tasas de los Treasuries no muestren mayores presiones en los siguientes meses en el sentido que se espera, también sugeriría una situación notablemente compleja y quizá más preocupante. De presentarse una apreciación material en las tasas de interés de largo plazo, es decir, que éstas disminuyan respecto al nivel actual —incluso con la Reserva Federal anunciado el retiro de estímulo en un contexto de elevada inflación y alarmantes cuellos de botella en las cadenas de valor—, el mercado estaría reflejando una expectativa de crecimiento mucho más débil relativo a la narrativa actual. Esta situación probablemente validaría los argumentos pesimistas sobre niveles bajos en las tasas reales neutrales (r*), que no sólo pondría en duda el verdadero espacio de alzas para los Fed Funds y el estado estructural de la economía, sino que, al darse en un momento de moderación en el ritmo de crecimiento como ya se ha visto reflejado en los últimos datos de actividad y en encuestas de sentimiento, con alta seguridad retroalimentaría en mayor aversión al riesgo.

Este balance resulta en una coyuntura muy delicada para los instrumentos de las regiones emergentes cuyo desempeño también se ha beneficiado el último año de la vasta liquidez disponible en el sistema, la cual empezará a retirarse en los siguientes meses. De esta forma, el regreso, luego de la pausa del verano, promete un desempeño en mercados bajo un régimen de volatilidad más elevado y que probablemente empatará con el cambio hacia visiones de actividad económica dentro de una parte más madura o avanzada del ciclo con prevalecientes presiones inflacionarias.

*El autor es subdirector de Estrategia de Renta Fija y Tipo de Cambio de Grupo Financiero Banorte.