Un aspecto central de la representación es el nexo que debe establecerse entre votantes y candidatos, y para que pueda crearse es necesario que los partidos formulen propuestas de sus planes de gobierno.

Ello se advierte en el documento La democracia de ciudadanía. Una agenda para la construcción de ciudadanía en América Latina , una iniciativa conjunta de la OEA y el PNUD, que a su vez fue analizada en el IFE.

Si las contiendas electorales carecen de contenido, el votante simplemente no puede escoger entre opciones sustantivas y los candidatos que son electos sólo pueden ser representantes en un sentido formal. No representan una opción de sociedad, no se delega en ellos la construcción de un cierto destino para el conjunto.

Aquí radica un primer aspecto de la crisis de partidos y de representación , se lee en el documento.

En la iniciativa se refiere a que es difícil imaginar un cambio en la relación ciudadano-partidos si no se modifica la pobreza de la mayoría de los programas electorales de los partidos.

En muchos países -se puntualiza en el documento- los programas electorales que deberían especificar el contenido concreto de las opciones del votante y los términos del contrato electoral son precarios, mínimos genéricos y enuncian más bien objetivos generales ( combatiremos la pobreza , promoveremos la educación ...) que las políticas públicas para alcanzarlos.

Así, la pobreza programática es generalmente remplazada por el voto al individuo, al candidato, al líder. Se delega entonces en un líder, no en el ejecutor de una opción de la sociedad .

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