“Somos damnificados, no pordioseros”, dice con firmeza Liz Martínez, quien a un año del sismo y con serios daños estructurales en su casa ubicada en la colonia Roma Norte, con el riesgo que implica, sigue habitándola ante la falta de respuesta de las autoridades.

Con sus hijos vive en lo que fuera la sala. De ese 19 de septiembre recuerda que cuando llegó a su propiedad parecía como si alguien la hubiera levantado, agitado y vuelto a poner en su lugar: “La ropa estaba mezclada con los libros, con los trastes, nada estaba en su lugar. El piso se levantó en algunas partes”.

Desde hace un año va luchando contra el “abandono” institucional. Su exigencia, que se suma a la de miles de damnificados, es una: reconstrucción sin redensificación y a fondo perdido.

Por los daños, la vivienda ubicada en la calle Chihuahua tendrá que ser demolida. Un año sin respuesta y en el mejor de sus pronósticos otro año, con suerte, para que lo que fue una casa sea reconstruida y habitada, ahora acompañada de algo que difícilmente se irá: el miedo.

“Son muchos duelos que no se han cerrado, que ni siquiera se han podido vivir y también son cadenas de eternas despedidas. Te tienes que despedir de tu casa, ya sea en lo inmediato porque se derrumbó, o a lo largo del tiempo porque la van a demoler”.

Al no-duelo se le suma la molestia a las respuestas que pueden ofrecer las autoridades. Señala que parece que la única opción que se les ocurre es que pasen de damnificados a “deudores” por la relación que existe entre inmobiliarias y el gobierno, circunstancia que aseguró ya los tiene “hartos”.

Casi 12 meses han pasado desde que el sismo de 7.1 grados dejó a miles sin vivienda, cientos de ellos aún viviendo en campamentos, con familiares, vecinos, rentando espacios que son insuficientes y lejos están de reunir las comodidades que tenían en sus casas.

Liz Martínez asegura que continuará dando la lucha frente a “autoridades omisas”, que a un año de la tragedia no han mostrado avances en la reconstrucción de la CDMX.

“La mejor forma de honrar a los muertos es teniendo bien a los vivos. Los damnificados y las víctimas no somos un minuto de silencio, no somos un monumento como el que querían hacer en Álvaro Obregón 286”.