El gas lacrimógeno con que la policía dispersó a los manifestantes que intentaron ingresar a la Cámara de Diputados por el cruce de Eduardo Molina y Emiliano Zapata, invadió el recinto legislativo.

Legisladores, invitados especiales y asistentes en general a la toma de posesión constitucional de Enrique Peña Nieto como Presidente de México se cubrieron boca y nariz con pañuelos desechables para aminorar el penetrante olor, muy parecido al del ácido muriático.

Ojos llorosos y tos, provocó el gas mezclado en el ambiente.

Camino a San Lázaro, al filo de las cinco y media de la mañana, los jóvenes manifestantes marcharon, la mayoría con el rostro cubierto y pintando leyendas sobre las paredes que a su paso encontraron, sobre el Eje 1 Norte.

Desde la tribuna cameral, iniciado ya el posicionamiento de los grupos parlamentarios en relación con el regreso del PRI a la Presidencia y el arranque del nuevo gobierno, Ricardo Monreal Ávila, coordinador de los diputados federales de Movimiento Ciudadano, informó que en inmediaciones de la Cámara de Diputados el joven Carlos Valdivia, alcanzado por una bala de goma, había perdido la vida, hecho que daba lugar al primer asesinato político del nuevo régimen.

¿Se sienten contentos? Sigan gritando y sigan riéndose’’, lanzó el zacatecano para quien ha concluido un gobierno espurio y comienza la pesadilla de la imposición y la ilegitimidad’’.

En uso de la voz, inmediatamente después de Monreal, Arturo Escobar y Vega, coordinador de la diputación federal del PVEM, informó a los presentes e invitados especiales que no, que no había "ningún muerto".

Para entonces el salón de plenos ya era una romería.

Una veintena de diputadas del PRI, ataviadas de traje sastre o pantalón, todas de negro y con un rebozo rojo como distintivo, enrollado al cuello o anudado y puesto sobre el hombro, de pie, ocupó las escaleras que conducen a la tribuna, del lado donde se ubican los legisladores de la izquierda.

De entre las curules del PRD, PT y MC aparecieron los enormes plásticos, simulando las famosas tarjetas Monex que presuntamente repartió el PRI a quien votó por Peña Nieto, con fotografías de Felipe Calderón y del a punto de ser ungido nuevo Presidente de México.

La Presidencia no se compra. Demasiado comprometido para gobernar. Entregas silla bañada en sangre’’, rezaban, entre otras, las leyendas ingeniadas por los izquierdistas.

Se respiraba un ambiente tenso, de incertidumbre.

El senador perredista hizo saber al gobierno de Peña Nieto que su partido ejercerá una posición firme y responsable.

No permitiremos ningún regreso al pasado ni cualquier pretensión de dañar los derechos del pueblo mexicano como la privatización de Pemex, el establecimiento del IVA a medicinas o a alimentos o el menoscabo de derechos y libertades de la sociedad mexicana’’.

En democracia no somos enemigos, somos adversarios, acotó.

Llegado su turno, Francisco Domínguez (PAN) hizo el recuento de los logros del gobierno que encabezó su correligionario Felipe Calderón Hinojosa, cuya toma de protesta constitucional defendió a golpes y patadas hace seis años durante la trifulca protagonizada por panistas y perredistas para hacerse de la tribuna.

El priísta Heriberto Galindo ratificó la buena noticia de que nadie ha fallecido afuera de este centro, de este palacio Legislativo’’.

En el PRI, aseguró a voz en cuello, habrá una renovación a fondo.

Un cambio de significado tan profundo como los hitos de 1929, de 1938 y de 1946’’.

Te faltó Salinas’’, se escuchó una voz anónima de entre las curules de la izquierda.

Peña Nieto estaba por entrar al salón de sesiones para rendir protesta constitucional.

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