Seis meses del sismo y damnificados de San Gregorio Atlapulco, Xochimilco, acusan olvido. La tragedia despertó en los primeros días una intensa movilización ciudadana para apoyar a los pobladores afectados, pero a la fecha parece que no ha tenido respuesta alguna de las autoridades y la diferencia entre uno y otro comportamiento se nota.

“Todo va al centro, pero a nosotros nada, ni siquiera han venido porque hasta aquí no suben”, van contando los afectados de la zona cerril. “Ni nos toman en cuenta porque dicen que estamos en un asentamiento irregular, pero nuestras familias llevan generaciones viviendo aquí”, dicen en las chinampas.

Así el rosario de quejas en los espacios vacíos que dejó el sismo, frente a casas más endebles de lo que antes eran. La pobreza y el olvido se van trenzando y no dejan lugar a una buen augurio, ni siquiera deseo. Porque esta gente parece que ya no desea, sólo van trabajando por su cuenta. Saben que no hay nada que esperar.

Alejandra Cruz Ruiz, del barrio La Conchita, zona de chinampas y gente humilde, con el ceño fruncido suelta sus quejas: el olvido de seis meses, las promesas incumplidas de los funcionarios, las excusas de la no ayuda por estar en zona “ecológica”, les dicen.

En un cuarto de madera y lonas plásticas vive con sus dos hijos. Afuera con otras lonas cubren su ropa. En otro lado, los trastes de la cocina. Lo que fue una casa quedó así de fragmentada, improvisando desde hace seis meses para hacer llevadera la vida.

“¿Porque estamos en una zona ecológica no tenemos derecho a nada? Yo me pregunto, porque realmente no estamos pidiendo nada que no tuviéramos. Porque si no nos van a tomar en cuenta para levantar nuestras viviendas, entonces por qué cuando hay elecciones vienen y piden nuestro voto y ahí si nos toman en cuenta y en esta cuestión ya no contamos para nada. ¿No existimos?”, dice doña Alejandra.

Es una injusticia, añade, porque si nos van a tomar en cuenta para las elecciones para que los señores queden arriba, ¿por qué ahorita no nos ayudan? ¿Por qué nadie ha venido y nos dice: ahí está el apoyo o vemos qué hacemos? Que se vea la intención, pero la intención no está. Estamos olvidados y no es justo.

Y el olvido va al otro extremo. Al cerro en el barrio de Cristo Rey, donde Beatriz Ventura y su esposo luchan por sacar cinco hijos adelante. Para llegar a su casa, hay que subir por un camino de piedras sueltas desde donde se puede ver todo San Gregorio, principalmente el centro, a donde no han llegado los apoyos porque aquí no sube nadie.

“Todo va para allá y a nosotros nada”, dice Beatriz frente a su casa. Un espacio construido con su marido, sus propias manos fueron apilando tabiques, uno sobre otro sin cemento. No alcanzó el dinero para darle firmeza a la vivienda y el sismo se los hizo sentir. La falta de luz y tener agua cada tercer día no roban la preocupación de dar seguridad a su familia. Su petición es sencilla: material para darle fortaleza a la casa, pero no hay respuesta.

De acuerdo con la Asociación 19 de Septiembre, el sismo dejó afectaciones en 1,495 viviendas; 300 colapsaron o tuvieron que ser demolidas, apenas 128 están en proceso de reconstrucción con ayuda de la Fundación Carlos Slim, pero “¿qué va a pasar con las demás?”, cuestiona Claudia Martínez. Al Barrio La Conchita, dice Alejandro Saavedra, no ha llegado “ni un tabique partido por la mitad”.

Vuelven a salir las historias de las tarjetas del Fonden. De los 120,000 prometidos por pérdida total no ha llegado ni un peso, cuenta Jazmín Valencia García. Además de la pérdida de su vivienda igual el sismo se llevó su negocio de venta de ropa. Una barda colapsó sobre él en las inmediaciones del mercado y ahora no hay nada.

Nueve personas vivían en esa casa: hijas, yernos, nietos. Ahora van de un lugar a otro cada cierto tiempo y la vida les dio un vuelco en un instante. Hugo Erwin, de 17 años, tuvo que dejar el curso de prótesis dental que tomaba, ahora atiende un expendio de refrescos y cervezas de su padrastro, pero el dinero no alcanza para regresar a los estudios.

Y así ellos, y así en el centro, en La Conchita, en las calles 21 de marzo, Lázaro Cárdenas, Vicente Suárez, 13 de septiembre, Insurgentes, la Avenida México, un encogerse de hombros y asumir que hay que seguir, con o sin ayuda: “Esto nos tocó pero estamos vivos, hay que seguir”, dice Jazmín mientras aprieta la boca.

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