Doce años después, el PAN devolvió al PRI la banda presidencial que entregó tras mantener el poder durante 70 años.

En el recinto legislativo se respiraba el olor a gas lacrimógeno utilizado por los policías afuera de la Cámara de Diputados para dispersar a los activistas y manifestantes. Los legisladores e invitados especiales intentaban, sin éxito pese al esfuerzo, no llorar.

Eran las 11:07 de la mañana del sábado 1 de diciembre y apenas estaban terminando los discursos pronunciados por los grupos parlamentarios representados en el Poder Legislativo para fijar su posición en torno de la llegada del nuevo gobierno priísta.

Siete minutos después entró Enrique Peña Nieto, arropado por sus correligionarios que hicieron valla sobre el pasillo central para evitar que los legisladores de la izquierda intentaran cerrarle el paso. Peña Presidente, Peña Presidente , gritaban con fuerza los priístas para apagar las protestas verbales de la izquierda.

Ya ubicado en el presídium, que alcanzó a toda prisa por las escaleras del lado donde se ubican los panistas, las del lado contrario, el ala de los perredistas y petistas estaban resguardadas por las diputadas y senadoras priístas ataviadas en trajes sastres o vestidos en color negro y rebozos rojos, al nuevo Presidente de la República le llovieron billetes falsos.

En punto de las 11:16 de la mañana, Peña Nieto juró, con el brazo derecho tendido al frente, cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanen, y que si no, que la nación se lo demande.

Peña Nieto tomó el lienzo, que colocó sobre su hombro y cruzó por su pecho, cuidando que el águila quedara en el centro.

A las 11:18 se entonó el Himno Nacional y dos minutos después Murillo Karam dio por terminada la sesión solemne de Congreso general para la transmisión de poderes.