El escritor Javier Sicilia hizo pública otra carta al presidente Andrés Manuel López Obrador, en la que le asegura que no es ningún “conservador” o “fífi” ni desea sentarlo en el "banquillo de los acusados”. Indicó que, lo suyo, no es una propuesta, sino una invitación para que su gobierno deje de utilizar el modelo de militarización del país para enfrentar la inseguridad, y retome la agenda de paz y justicia con la que se comprometió.

Argumentó que desde 2011, a raíz del asesinato de su hijo Juan Francisco, encabezó una marcha con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, no para beneficio de ningún partido, sino de las víctimas de criminales y de la corrupción de la clase política. “Yo nunca he pertenecido a partido alguno. He sido siempre un crítico del poder, de sus traiciones y sus desmesuras”, expresó.

“A raíz de mi tercera carta a Andrés Manuel López Obrador hubo un sinnúmero de ataques y de violencia verbal de parte de ustedes, incluyendo el presidente, hacia mi persona, las víctimas y la ciudadanía que las palabras de esa carta representan en su llamado a detener la violencia y fortalecer las regiones y las autonomías indígenas. Lo lamento. Es señal, quiero creerlo así, de que en medio de tanto ruido, no la leyeron con atención. De lo contrario sería señal de ceguera ideológica o de analfabetismo funcional que debe preocuparles, porque ambas, lejos de distinguir, de aclarar, de precisar, ahondan y abonan a la violencia”, planteó.

El poeta dijo en su escrito que la caminata o la marcha que llevará a cabo en enero hacia Palacio Nacional, no es en realidad una protesta.

“Es un llamado al presidente López Obrador a que una a la nación, y retome la agenda de paz y justicia con la que se comprometió como prioridad de la nación; es una llamada a él y a cada uno de nosotros para que dejemos de insultarnos, descalificarnos, difamarnos, confrontarnos, polarizarnos. Es también una propuesta —abandonada por el Presidente— de una política de Estado prioritaria y sustentada en la justicia transicional que muchas organizaciones trabajaron con la Secretaría de Gobernación y a la que —no sabemos por qué— la propia Segob dio la espalda, una justicia que implica una gran Comisión de la Verdad y un Mecanismo extraordinario de Justicia que teja las instituciones del Estado creadas para ello y que hoy están dispersas, abandonadas, cuestionadas, poco claras: el Sistema Nacional de Atención a Víctimas, el Sistema Nacional de Búsqueda, la CNDH, las policías y los programas sociales de la presidencia. Respaldarse en un modelo de seguridad militarizado es insistir en el mismo error del pasado”, planteó.

Javier Sicilia aseguró que lo único que busca es la paz y la justicia en México, porque insistió en que, “la casa de todos está en llamas, ensangrentada, secuestrada por la injusticia, el crimen y violencias de todo tipo y yo no dejaré de llamar a la nación a apagarla, a sanarla de sus llagas, a limpiar sus calles de sangre y a hacerla digna”.

Consideró que a los gobiernos —sean de la ideología que sea— hay que empujarlos a realizar lo que prometieron, o encarar sus “traiciones”.

Sostuvo que, en estos momentos, donde continúan los homicidios, secuestros y desaparición de personas, “no es tiempo de ponerse del lado de quienes hacen la historia bajo el peso de la violencia, como afirmaba Camus, sino de quienes la padecen; tiempo de estar a la altura de lo que nos sucede; tiempo de detener el horror por encima de cualquier cosa; tiempo de rescatar el presente de los que hoy están aún con nosotros para salvar su futuro y el del país. No normalicemos la violencia, no la justifiquemos en nombre de nada”, mencionó.

Javier Sicilia dijo al presidente López Obrador que le alarma que lo haya descalificado recientemente al decir que le da flojera reunirse con él, porque sólo busca sentarlo en el banquillo de los acusados.

“Las primeras palabras recuerdan el “Ya me cansé” pronunciado el 7 de noviembre de 2014 por Murillo Karam ante el sufrimiento de la tragedia de Ayotzinapa. Las siguientes se parecen a las que Díaz Ordaz consignó en sus memorias imaginando lo que hubiese sucedido de haberse dado el diálogo público que pedía el Comité Nacional de Huelga la noche del 27 de agosto de 1968: “Y en este ambiente de desaforados, el presidente de la República sentado en el banquillo de los acusados, contestando preguntas y aguantando injurias y burlas (las cursivas son mías). Después vendría la presión física para que firmara algún documento”, apuntó Sicilia.

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