En el sector energético no son ninguna novedad las prácticas de corrupción de funcionarios en Pemex y en el caso de los señalamientos contra el exdirector de Pemex Exploración y Producción, Carlos Morales Gil, son más bien una venganza política, señaló la especialista en temas energéticos, Miriam Grunstein.

Desde su perspectiva, estos señalamientos no tendrán ninguna implicación en la gestión de la empresa paraestatal, pues “más bien son la sintomatología” de algo que no está bien en la compañía.

Las acusaciones de la empresa contratista Oro Negro de que funcionarios de Pemex exigían sobornos lo que señalan son “las prácticas asquerosamente corruptas dentro de Pemex Exploración y Producción y es algo que se sabe desde siempre (…) Todo mundo sabía que Carlos Morales Gil se llevaba unos moches gigantes de los contratos. Todo mundo lo sabía, todo mundo lo sabe. Eso no es ninguna novedad, es una venganza política", dijo.

En su opinión, las filtraciones de elementos que formarían parte de investigaciones contra Pemex que se realizan en México y en Estados Unidos, lo que refleja es una guerra de corruptos contra corruptos.

“Que Oro negro no quiso dar moche, francamente lo dudo. No tengo pruebas, pero no creo que Oro Negro esté libre de pecado”.

La experta en el estudio de cuestiones normativas y regulativas del sector energético, específicamente, en el ámbito de contratación petrolera y proyectos de infraestructura, consideró que no es probable que Pemex tenga que enfrentar algún tipo de responsabilidad, derivado de estas confrontaciones porque a los funcionarios que están persiguiendo ya se fueron de esa empresa.

Además, opinó que realmente es muy difícil que pudiera darse el caso que Pemex tuviera que enfrentar el pago de algún tipo de indemnización producto de acciones corruptas de sus exfuncionarios. “Eso sólo pasa en los países desarrollados. Aquí personalizan todo. No es un problema institucional, es un problema personal”.

Ante este tipo de problemáticas que enfrenta la paraestatal y el tipo de decisiones que dentro de ella se están tomando, lo que va a pasar es que nos vamos a quedar sin petrolera estatal. Tan triste como eso, tan grave como eso, dijo.

Para Grunstein, en Pemex se están tomando malas decisiones. Tan solo en el caso del plan de negocios presentado recientemente dijo que ese documento en realidad debe considerarse como un plan político. “En un plan de negocios puro y duro se proponen acciones ante el mercado; aquí no hay propuesta de acción ante el mercado”.

En ese aspecto consideró que Pemex debería ser, en primer lugar, una empresa constituida a las reglas de las leyes mercantiles. "Tal vez debería tener control corporativo del Estado, pero requiere inversión privada”.

Sin embargo, dijo: “ahora, lo veo muy cuesta arriba por todas las imputaciones de corrupción y, también, porque comprar acciones de Pemex sería una apuesta muy peligrosa ahora para cualquier particular o para cualquier empresa que quisiera ser socia”.

Debería tener un Chief Financial Officer capaz de tomar decisiones financieras sensatas, ágiles y agresivas y no un secretario de Hacienda. Debería de ser un gobierno corporativo que representara los intereses del Estado, de los accionistas mexicanos y de los accionistas privados y debería participar en un mercado competitivo en México e internacionalmente.

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