Las corporaciones policiacas en México mantienen una reputación de “regular” a “mala” entre la sociedad en cuanto a sus tareas; sin embargo, la capacitación que tienen, los salarios que se les otorgan y las herramientas con las que cuentan para realizar su labor, en muchas ocasiones arriesgando la vida, no son las óptimas, coincidieron especialistas.

De acuerdo con el Inegi, la percepción sobre inseguridad ha ido en aumento desde el 2011, cuando 69.5% de los mexicanos, en promedio, dijo sentirse inseguro; para el 2017, el porcentaje aumentó a 74.3 por ciento.

En este contexto, la Policía Federal, pasando por las policías estatales y municipales, cuenta con la aprobación, en el mejor de los casos, de uno de cada dos mexicanos.

Según cifras de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2017 del Inegi, 49.6% de los ciudadanos consideró tener “algo de confianza” en la Policía Federal; 46.8% se refirió en el mismo sentido por la policía estatal, mientras que para la policía municipal fue de 44 por ciento.

“No puedes tener una policía a la que le cobras el uniforme, la pistola y el derecho de estar (de piso) y luego esperar que no sea corrupto para tratar de levantar ese dinero y pagarle a las personas que están haciendo eso, entonces tienen que romper todo un ciclo que no se ha querido romper, a veces por corrupción y a veces por estar con el crimen organizado”, dijo Pablo Girault, consejero de México Unido contra la Delincuencia.

De acuerdo con los datos del Inegi, el grueso de los policías y agentes de tránsito en México (82%) obtienen ingresos de dos y hasta cinco salarios mínimos.

La capacitación de los elementos de seguridad es restringida, mientras que es una incertidumbre la calidad del armamento con el que cuentan, debido a la poca información que se hace pública, indicó David Ramírez, coordinador del área de investigación en seguridad de México Evalúa.

“Existen en el país 45 academias o institutos de formación policial; de éstas solamente hay 10 que cumplen con los rubros mínimos establecidos en la Comisión Nacional de Seguridad y que son rubros como aulas suficientes para la matrícula, aulas de cómputo, comedor, cocina, dormitorios, servicio médico, hasta cosas más prácticas como las instalaciones de tiro y el área de entrenamiento”, destacó.

En materia de armamento, añadió Ramírez, hay “una gran reticencia” para compartir información por parte de las autoridades sobre el tema, por lo que es difícil estimar la calidad del equipamiento con el que cuentan las policías.

Por su parte, el fundador de Lantia Consultores, consultoría dedicada al análisis de políticas públicas en materia de seguridad, Eduardo Guerrero, se mostró a favor de crear un ente federal y autónomo que identifique y actúe para relevar a todas aquellas policías en los municipios o estados que estén cooptadas por el crimen o sean ineficientes.

En este sentido, Pablo Girault afirmó que mejorar a las policías municipales es de primera importancia, debido que son la corporación de mayor cercanía a la ciudadanía.

“Debe haber varios tipos de policías, es decir, la policía de cercanía, la policía de comunidad, la policía ciudadana, como la quieran llamar, que es la que debe estar cerca de las personas”, explicó.