La salida de Carlos Romero Deschamps de la dirigencia nacional del sindicato de Pemex constituye una señal simbólicamente poderosa: el gobierno requiere una dirigencia sindical en consonancia con su idea de rescatar a Pemex y hacerla productiva; busca mandar el mensaje de que ataca la corrupción y no necesita del charrismo sindical como intermediario social, planteó el politólogo Juan Luis Hernández Avendaño.

En entrevista, el director del departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana Puebla dijo que esa renuncia es simbólicamente muy poderosa, sobre todo porque se trata de un sindicato priista relevante, que durante los gobiernos panistas (los de los presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón) mantuvo sus cacicazgos prácticamente intocables.

Este y otros sindicatos siguieron siendo útiles al gobierno en turno, como lo fueron durante las administraciones públicas surgidas del PRI, indicó.

En ese sentido, el reconocido académico destacó que, a lo largo de su historia, el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) sirvió, como las demás organizaciones sindicales priistas, como instrumentos de control social y para evitar huelgas.

Hernández Avendaño expuso que en la política pública del presidente Andrés Manuel López Obrador se aprecia claramente que la apuesta de su gobierno es por recuperar a Pemex como empresa pública paraestatal productiva, la empresa que el régimen del presidente Enrique Peña Nieto se encargó prácticamente de destruirla.

En esa idea, el sindicato liderado por Romero Deschamps no estaba en consonancia y ello explica, en parte su salida.

Yo pensaría que, por lo menos está buscando una representación sindical más colaboradora con esa idea de recuperar la empresa, pero también se observa la lucha contra la corrupción endémica en Pemex y el sindicato.

A AMLO no le sirven ese tipo de intermediarios

Desde su perspectiva, la renuncia del líder petrolero debe entenderse como un primer paso en el desmoronamiento de una manera de tejer funcionalmente relaciones políticas entre los gobiernos, los sindicatos y sus cacicazgos

En ese sentido, llamó la atención que en la nueva forma establecer una nueva interrelación del gobierno con ese sector, aprovechó que recientemente se aprobó la reforma laboral, con lo cual se abrió la posibilidad de que, en una empresa, en este caso en Pemex, haya más de un sindicato, lo cual rompió con el monopolio de la representación sindical.

Por ello considera que se trata de pasos graduales, pero sostenidos para derribar la forma de vehiculizar el control sociopolítico que en su momento fue útil para el PRI y para el PAN.

“Lo que se ve es que el presidente Andrés Manuel López Obrador considera que los intermediarios no le están sirviendo, no le ayudan y no los necesita”.

Paralelamente, añadió, lo que estamos viendo es el desmoronamiento del charrismo sindical y, al mismo tiempo el desmoronamiento de los pilares fundamentales del PRI.

Recordó que históricamente los sindicatos no sólo han servido para el control social y evitar huelgas, sino para respaldar decisiones políticas del gobierno.

Puso como ejemplo el respaldo del llamado sector obrero del PRI al Pacto para la Estabilidad y Crecimiento Económico (PECE) impulsado por el gobierno del presidente Miguel de la Madrid Hurtado, como salida a una emergencia económica. Además, estos cacicazgos sirvieron para contener las aspiraciones de aumentos salariales.

Por otra parte, comentó que el sindicato de Pemex también, durante mucho tiempo funcionó como “caja chica” del gobierno, principalmente para enviar dinero para campañas electorales, recursos que no sólo salieron de las cuotas sindicales sino del dinero que salía de Pemex a través de ciertas canonjías.

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