La reforma política del Distrito Federal salió a los congresos locales no sin que algunos legisladores del PAN, del PRD y del PT votaran en contra al polemizar por las facultades económicas, financieras y presupuestales de la capital, la equidad con las demás entidades federativas y la conformación de la Asamblea Constituyente.

El 15 de diciembre pasado, luego de años en negociaciones, salió la reforma del Congreso de la Unión. Los senadores tuvieron la última palabra y contrario a lo que se pensaba, los cambios dividieron a las bancadas: 12 senadores del PAN la rechazaron, 13 la avalaron y uno se abstuvo; tres de los 19 perredistas que votaron se pronunciaron en contra y los cinco integrantes del PT también votaron en contra. La reforma progresó con 73 votos en favor, entre ellos, los 40 del PRI.

Entre los que rechazaron los últimos cambios constitucionales se encuentran los panistas Ernesto Ruffo, José María Martínez, Víctor Hermosillo, Javier Lozano y Marcela Torres, así como el integrante del PRD, Mario Delgado.

Aunque todos aplaudieron la autonomía que se le pretende dar a la capital, hubo varios reclamos. El panista Ernesto Ruffo dijo que la capital tiene puntos vanguardistas porque está subsidiada por la Federación, por lo que el trato de ésta con los estados no es equitativo, además de que tiene el Fondo de Capitalidad.

La priista Ana Lilia Herrera dijo que mayores facultades deben conllevar mayores responsabilidades , y deberá haber un trato equitativo con respecto al resto de las entidades federativas, especialmente en la repartición de recursos y rendición de cuentas.

La panista Mariana Gómez del Campo sostuvo que la virtud de la reforma es que abre la puerta a cambios deseables, aunque es insuficiente, pues carece de una visión metropolitana y se corre el riesgo de que su ejecución sea una simulación o una transformación cosmética.

Mientras tanto, Mario Delgado afirmó que la capital no logra la autonomía financiera y se quejó porque desde su punto de vista detrás del Constituyente hay una trampa para que el PRI y el gobierno de la ciudad tengan una ?sobrerrepresentación artificial para quitarle representación a Morena.

Gabriela Cuevas incluso precisó que el modelo que se presenta tiene perversiones y es un modelo que probablemente no llegue a ser funcional, donde los alcaldes podrán convertirse en rehenes de los concejales y del jefe de Gobierno.