París, Fra. Las banderas de Francia ondean en los balcones de las calles parisinas. Es un zigzagueo acompañado de un viento frío.

Es domingo y las calles están concurridas. Aquí, en la avenida Champs-Elysees la policía francesa, de manera discreta, vigila la concurrencia.

Faltan pocas horas para que arranque la cumbre de la COP21 y zapatos dejados en el piso por manifestantes ante la prohibición de protestas, derivado de la alerta decretada en el país por el terrorismo son retirados por cuerpos de seguridad. En la orilla de los camellones se ven aquellas pirámides de calzado.

La cumbre climática de París sigue en pie y, para su celebración, un aeropuerto privado (Le Bourget) ha sido acondicionado. Son metros y metros de instalaciones, que reciben a sus invitados con banderas multipaíses. La seguridad es notoria y en la inauguración, el cierre de calles será una medida principal.

La entrada a establecimientos y centros comerciales en Champs-Elysees obliga a que cualquiera se desabroche el abrigo, enseñe qué trae debajo y se someta posteriormente al escaneo de un detector de metal de cabeza a pies.

A unos minutos de ahí, en el Boulevard Voltaire, flores, veladoras, fotografías, banderas y mensajes fueron, y siguen siendo, colocados en la acera que está al pie del Café Bataclan. Policías resguardan aún todo el perímetro.

Enfrente, un pequeño parque es la extensión de aquel homenaje. Es un parque con una multitud que observa y recuerda. Un parque que guarda silencio, un silencio que rinde homenaje, pero que a la vez condena. De las semillas del rencor nacerán los vientos de la esperanza... , se lee en un papel pegado en un barandal.