En la delegación Iztapalapa luego del sismo de 7.1 grados del 19 de septiembre, cientos de personas viven en el aire, “flotando” dicen ellos mismos, y es que el movimiento telúrico reavivó una grieta que a poco estuvo de tragarse sus viviendas.

Aquí el desastre fue distinto. La tierra no derribó edificios, simplemente estuvo a punto de engullirlos. Y es que una falla geológica, de al menos 8 kilómetros, calculan unos, atraviesa colonias colindantes de las demarcaciones Iztapalapa y Tláhuac.

Ese día la tierra, cuentan unos, hacía olas. Otros dicen que “suspiraba”. La percepción depende desde dónde sintieron el movimiento telúrico: oscilatorio o trepidatorio. En la colonia La Planta, de Iztapalapa, puede uno tener una idea de los que ambos movimientos significaron: la calle se hundió más de un metro, las casas prácticamente se partieron en dos, bajo estas el vacío se mostró tal cual: oscuro y profundo.

Al susto hay que sumarle el abandono de las autoridades. Apenas hace una semana llegaron a esta zona las casas de campaña donadas por China y que ahora dan alojamiento a los habitantes de las calles Molino Arrocero, andador Unión y andador Revolución.

Tan solo en ese lugar hay 160 niños, aseguran los damnificados, y más de 200 familias que lidian cada día con las incomodidades de vivir en la calle. No hay baños, entonces van rápido a sus viviendas aún con el riesgo que estas colapsen, pues dicen la grieta se sigue abriendo.

“Lo que nosotros necesitamos es una respuesta ya. Van a tener que reubicarnos, no podemos vivir bajo ese riesgo, aún cuando los de Protección Civil aseguren que en algunas partes es habitable. Imagínese, hasta de la delegación nos dijeron que tenemos que acostumbrarnos a vivir con la grieta. Es una irresponsabilidad”, señalan los vecinos.

Y es que si uno hace un recorrido por esas calles puede observar las marcas en rojo sobre las fachadas: una X es no habitable; un triángulo es una vivienda habitable; un triángulo con una línea señala la necesidad de reparación. Diferentes marcas para un solo problema: una colonia construida sobre una falla geológica que se va comiendo las viviendas. Con todo y eso, a pesar de hundimientos de más de un metro, para las autoridades algunas casas son “habitables”.

Los niños revolotean entre las casas de campaña azules colocadas en la calle Rosalitas, los vecinos matan el tiempo platicando entre ellos, algunos reciben las donaciones que la misma sociedad no deja de llevarles. La ausencia de autoridades es notable. En contraste con otras zonas siniestradas como el corredor Roma-Condesa, en Iztapalapa ni un policía está presente, menos personal de la delegación que busque conocer las necesidades de los afectados.