La fuga del líder del Cártel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera, del penal de más alta seguridad en el 2015, demuestra que el sistema penitenciario en México es muy vulnerable y aseverar que la recaptura del Chapo es una misión cumplida es prematuro en términos de seguridad pública, observa la directora para México del think tank International Crisis Group (ICG), Mary Speck.

En entrevista, Speck refiere que aun si la detención del Chapo afectara las operaciones del Cártel de Sinaloa, no necesariamente ello modificaría la situación de inseguridad ciudadana que se vive en el país. No hay ninguna misión cumplida en términos de política general , reiteró la investigadora de ICG.

El sensacional escape que encabezó Guzmán Loera fue una vergüenza para la administración federal, que anunció la captura de Guzmán como uno de los mayores golpes al crimen organizado. Tal operación compleja no podía ocurrir sin asistencia profesional.

La segunda fuga fue más que un golpe a un presidente, gobierno o partido político. Se socavó aun más la confianza de los mexicanos hacia sus funcionarios públicos desde la policía hasta los fiscales, los jueces y guardias de la prisión.

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