Luego de asegurar que la relación bilateral entre México y Estados Unidos no se ha desintegrado al nivel que uno esperaría dada la cruda retórica del presidente Donald Trump, el exembajador Antonio Garza planteó que una vez que se conozca quién será próximo mandatario mexicano sería deseable que hubiera un reinicio en el trato entre ambos países, aunque ello se vislumbra poco probable.

En entrevista, Garza, quien fue embajador de Estados Unidos en México del 2002 al 2009, comentó que los estadounidenses están en espera de ver quién ganará, con qué administración trabajarán próximamente y cómo esto puede calmar o exacerbar la situación actual de la relación.

El también consultor en la oficina de la Ciudad de México de White & Case sostuvo que uno de los desafíos de la relación para los próximos seis años es cómo manejar la popular tensión actual de nacionalismo que se ve a través de Norteamérica y cómo seguir construyendo un futuro compartido.

Entre los temas relevantes de la agenda entre ambos países destacó la conclusión de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, colaboración en asuntos de seguridad, así como una mayor coordinación en temas migratorios.

—¿Qué reflexión hace de la situación actual de la relación México-Estados Unidos?¿Considera que existe un deterioro en el trato entre el gobierno de Donald Trump y Enrique Peña Nieto?

—Es innegable que la relación entre México y Estados Unidos ha cambiado durante la administración de Trump, pero es difícil saber a qué grado.

Estructuralmente, la relación no se ha desintegrado al nivel que uno esperaría dada la cruda retórica, en gran medida debido a la relación de las últimas tres décadas que ha sido de amplio espectro y, en cierto sentido, dada la continuidad de proyectos en curso. Sin embargo, operacionalmente, el constante cambio de política y personal de la parte de Estados Unidos y el exceso de retórica han complicado la relación bilateral y dado lugar a un nivel de incertidumbre que ha sido frustrante y no particularmente constructiva.

—En su opinión, ¿a Estados Unidos le preocupa el proceso electoral mexicano y quién gane la Presidencia de México?

—Hay grandes sectores de la población de Estados Unidos que siguen de cerca el proceso electoral de México. Principalmente, incluyo a los millones de mexicanos viviendo en Estados Unidos, muchos de ellos que emitirán su voto en las elecciones del 1 de julio. Hay otros sectores de la población que también la observan detalladamente, incluyendo a los inversionistas, empresas que realizan comercio transfronterizo, y otros estadounidenses, quienes tienen algún interés —ya sea personal o profesional— en el país, la gran mayoría quienes ven a México de manera positiva. 

—¿Cree que el proceso electoral en marcha en México tendrá un impacto en la relación entre ambos países?

—Ya llevamos unos meses en las campañas, y hasta hoy no he visto cambios importantes en la relación bilateral como resultado del actual proceso electoral.

Hay varias iniciativas transfronterizas importantes en marcha —tales como la renegociación del TLCAN— pero estos temas parecen haber sido opacados aquí en México por los asuntos nacionales de violencia y corrupción. Los estadounidenses, por otro lado, en general están en espera de ver quién ganará y con qué administración trabajarán próximamente y cómo esto puede calmar o exacerbar la situación actual. 

—¿Considera necesario un replanteamiento de la relación bilateral México-EU, luego de que se conozca quién será el próximo presidente mexicano?

—Un reinicio a la relación sería bueno, pero no lo veo probable. Grandes segmentos de la población tienen un interés genuino en tener una fuerte relación bilateral con México. Pero Estados Unidos está muy dividido en cuestión de política interna en migración y comercio. A menos que los líderes del gobierno de Estados Unidos dejen de usar a México para exacerbar la división en estos temas, será difícil reiniciar la relación sin importar quién gane la elección en México. Aunque no me imagino un reajuste, me gustaría ver un regreso a un acercamiento basado en hechos y el aprecio a lo importante que los dos países son el uno para el otro. 

— ¿Cuáles considera son los desafíos para la relación bilateral para los próximos seis años?

—Desde una perspectiva sectorial, veo grandes retos del lado económico si las renegociaciones del TLCAN se caen o si la nueva administración mexicana da reversa a ciertas provisiones de la reforma energética del 2013. Sin embargo, cuando creamos políticas proteccionistas, no sólo se reconfiguran nuestros sectores empresariales, también se moldea la forma en la que nuestros dos países empiezan a ver nuestra relación tanto en el presente como en el futuro. Creo que el reto será cómo manejar la popular tensión actual de nacionalismo que se ve a través de Norteamérica y cómo seguir construyendo un futuro compartido. En algunos aspectos podemos encontrarnos confrontando los mismos retos de la era de los famosos vecinos distantes, y nuestro enfoque tendrá que ser regenerar confianza uno en el otro porque mucho de lo que dábamos por hecho se ha puesto en tela de juicio. 

—Desde su perspectiva, ¿cuáles son los temas relevantes de la agenda que deberán abordar el próximo presidente de México y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump?

—Primero, concluir las renegociaciones del TLCAN y dirigir un nuevo acuerdo por medio de un proceso legislativo en ambos países, dado que el resultado afectará a ambas economías y cientos de miles de empleos. También necesitaremos seguir colaborando en asuntos de seguridad, ya que los criminales y el crimen organizado no paran en la frontera, sino que operan a través del continente. Además, necesitaremos una mayor coordinación en temas migratorios, y particularmente en albergar seguridad y desarrollo económico en Centroamérica, para asegurar una región más fuerte y dar a los residentes la oportunidad de una vida mejor dentro de sus propios países. Mucho estará en juego, pero existen enormes oportunidades. 

—¿Qué pueden hacer ambos países para fortalecer la relación?

—El futuro de la relación bilateral yace en nuestras dos poblaciones y en lo que construyamos juntos. Deberíamos invertir en programas en la enseñanza de inglés y español a las siguientes generaciones, enviar estudiantes a las universidades del otro país, y expandir el turismo y las oportunidades de inversión. Nuestros dos países tienen muchos intereses mutuos, y podemos ayudar a asegurar una larga y fuerte relación al ser no sólo vecinos, sino colegas, compañeros de clase y amigos. Sé que suena loco, pero soy optimista, y no sólo porque he vivido en México por más de 15 años, sino porque sé lo similares que son los sueños y aspiraciones de la gente de ambos países, y lo mucho que verdaderamente podemos construir juntos.

 Antonio Garza se ha desempeñado como:

  • Consultor en la oficina de la Ciudad de México de White & Case 
  • Presidente de Vianovo Ventures, empresa de consultoría enfocada en el desarrollo de negocios transfronterizos.
  • Es miembro de la Barra de Abogados de Texas, del Distrito de Columbia y de la Suprema Corte de los Estados Unidos.