Aunque es materia estudiada que un país pueda tener repercusiones en su economía por la injerencia del narcotráfico, es novedoso que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, advierta que la inseguridad puede deteriorar la relación bilateral y de negocios con las naciones en las que crezca la delincuencia.

Así opinó Javier Urbano, investigador del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana, quien explicó que es evidente que un país tome medidas de seguridad para protegerse.

Sabemos del costo de los involucramientos de la delincuencia en asuntos electorales, económicos y las muertes, y esto traba o hace más discutible la política pública internacional , explicó.

Dijo que ahora se debe ver si Obama pasará a las acciones, pero consideró que sólo va a continuar la política con carácter policiaco .

Detalló que entre el presidente Felipe Calderón y Obama no se habían visto señalamientos tan públicos ni tan directos como en la Cumbre de Líderes de América del Norte.

Aunque fue una reunión trilateral, se notó una agenda bastante condicionada entre México y Estados Unidos. Canadá permaneció al margen , acotó.

De igual forma -completó- la reunión de los políticos en Washington, Estados Unidos, fue una llamada de atención para el próximo gobierno, tanto en EU como en México, para darle continuidad al tema.

Destacó que no hubo novedades ni propuestas para fortalecer otras agendas por la coyuntura electoral, pues los márgenes de maniobra son pocos y en algunos aspectos, nulos.

tania.rosas@eleconomista.mx