El último de los tres debates presidenciales fijados por el árbitro electoral, el INE, empezó tenso y concluyó así por una docena de ataques sobre posibles hechos de corrupción que se lanzaron mutuamente los cuatro interesados en reemplazar a Enrique Peña Nieto al frente del poder Ejecutivo federal y que también fue mencionado como un personaje de reparto en la noche de arremetidas de Mérida

Esta fue la última vez en que los cuatro aspirantes a la Presidencia de México se vieron las caras al mismo tiempo para presentar y debatir sus ideas sobre pobreza, desigualdad, educación, desarrollo económico y crecimiento sustentable en tiempos donde los efectos adversos del cambio climático haces estragos en buena parte del territorio mexicano, aunque todos se desgastaron por exhibir quién está más salpicado de ilícitos.

Los aspirantes llegaron a un evento de alcance nacional con la claridad de que después de este debate no habrá  más encuentro y que la próxima vez que se lancen declaraciones será para reconocer al vencedor de la elección presidencial del 1 de julio, dentro de 18 días.

Al Gran Museo del Mundo Maya de Mérida, sede del último de los debates y en la antípoda de donde se realizó el segundo, el de Tijuana, los candidatos llegaron con distintas cargas sobre sus hombros. Apenas unas horas antes, la SEIDO anunció el inicio de una averiguación para determinar si el aspirante presidencial Ricardo Anaya Cortés, de la cuestionada combinación de izquierdas y de derechas conformada por el PAN-PRD-MC, ha estado involucrado en ilícitos. Mientras, el candidato oficialista y del histórico PRI, José Antonio Meade Kuribreña, llegó tercero en las encuestas, con cerca del 22% de los votos y también con su nombre en entredicho por el caso Odebrecht, que le recordó Anaya esta noche.

La figura de color, el candidato independiente Jaime Rodríguez El Bronco, pudo hacer poco para conseguir más simpatías que lo saquen de su 2% de intención de voto entre el electorado; sin embargo, su picardía desató posturas que mañana serán tema de conversación en la casa y la calle, como aquella del FBI o Facebook Bronco Investigation para hacer analítica de hechos y preferencias; el chistorete del ex gobernador con licencia de Nuevo León pegó, pues opacó el mejor ataque de Ricardo Anaya hacia López Obrador, aquel sobre el posible favoritismo del tabasqueño a contratistas.

El puntero en todas las mediciones, el jefe del partido Morena, Andrés Manuel López Obrador, arribó a Mérida para administrar su 45% de intención del voto, el más conservador que le dan las encuestas. El predilecto de Macuspana, Tabasco, sólo debía aguantar los ataques, responder una que otra ocasión sin enojarse y soltar algún golpe a los ya de por sí heridos Ricardo Anaya, por los posibles delitos en los que habría incurrido tras el polémico asunto sobre una nave industrial en su natal Querétaro, y a José Antonio Meade, que siendo muy conocido entre la patronal del país, sólo un 13.6% de éstos y los industriales votarían por él, según una encuesta de botepronto de la Coparmex conocida este mismo día del debate.

Así fue el tercer y último de los debates, tan similar a los anteriores, con pocas propuestas, muchos golpes electorales, ocurrencias y desconocimiento de la realidad del país y con énfasis en planes que implican regalar el dinero de los contribuyentes mexicanos en programas asistencialistas. La diferencia fue que en esta ocasión la participación de los mexicanos en redes sociales fue la protagonista, aun cuando en México todavía quedan 49 millones de personas en situación de pobreza como para acceder a Internet, la ya denominada desigualdad del Siglo XXI.

Crecimiento económico, pobreza y desigualdad

Ricardo Anaya, primero en usar el micrófono para exponer su visión en materia económica y combate a la pobreza, se declaró por no aumentar impuestos; doblar el salario mínimo y regresar 800 pesos equivalentes al ISR para los mexicanos que ingresen un salario de 10,000 pesos por mes. Se manifestó también por dirigir el equivalente del 5% del PIB del país a infraestructura y, tenso, no desaprovechó para desde su primera intervención descargar contra José Antonio Meade y el gobierno de Enrique Peña Nieto al acusarlos de una persecución política.

Así, mientras explicaba su propuesta con atacar a la corrupción, Anaya Cortés se dijo “blanco de infamias; por eso, cuando yo sea presidente de México habrá una fiscalía que investigue a Enrique Peña Nieto por los casos de Ayotzinapa, la Casa Blanca, Odebrecht…”. La línea de fuego había sido abierta por el candidato frentista.

Tocó el turno a Andrés Manuel López Obrador y éste se dijo promotor del TLCAN, en su versión 2.0; pero también remarcó su posición de potenciar el mercado interno. Para eso, dijo, se combatirá la corrupción con lo que se podrán “liberar” fondos por al menos 500,000 millones de pesos por año. Y entonces lanzó también la primera frase emblemática de la noche: “Como complemento, vamos a cortar todo el copete de privilegios; en el gobierno se dan la gran vida los funcionarios, con sueldos de hasta 650,000 pesos mensuales (…) Nuestro país tiene muchos recursos; tiene un pueblo trabajador y lo que le hace falta es un buen gobierno”.

José Antonio Meade entró a la contienda de declaraciones, pero no fue contra Ricardo Anaya, que anteriormente lo había aludido con lo del caso Odebrecht. Meade prefirió ir contra López Obrador al decir que mientras el tabasqueño gobernó la Ciudad de México el crecimiento económico pasó de un 2% promedio, a uno de 0.8%, mientras que la generación de empleo pasó de 7,000 puestos al mes, a 266, ya cuando el jefe del todavía futuro Morena dejó el poder. “Fue un fracaso”, le dijo Meade Kuribreña.

López Obrador no quiso quedarse callado y entonces respondió al aspirante del oficialismo: “Si fuera así, en la Ciudad de México no nos estarían apoyando 4 a 1; ellos lo saben, porque fueron ellos los que aprobaron el gasolinazo”. Abatido, Meade presumió que en su paso por la Secretaría de Hacienda, en dos ocasiones distintas, se generaron en el país 1.1 millones de empleos.

Ricardo Anaya, viendo todo desde la mirandilla y fuera de cuadro, entró a la querella, explicando que sólo el empleo genera bienestar y con bienestar hay paz en un país. Pero inmediatamente después golpeó López Obrador, ventilando que el ingeniero José María Rioboo es un favorito de López Obrador en la entrega de contratos y quien además se ha encargado de acompañar al tabasqueño en sus ataques contra el Nuevo Aeropuerto Internacional de México, el NAIM; un hecho que exhibiría entonces el relacionamiento de AMLO con hechos ilícitos.

Anaya retó a López Obrador con la frase: “si te lo demuestro, ¿renuncias a la candidatura presidencial?”; su oponente sólo se dedicó a responder: “tú eres el corrupto”. Meade, viendo la pelea entre dos, añadió: “el indiciado es él”, en clara referencia a Anaya por la investigación de la PGR vía la SEIDO.

El Bronco, lejos de la escena, gritó que de llegar a la Presidencia correría a los tres adversarios “para que no se peleen entre ellos” y como adelanto, los conminó a besarse para crear un ambiente de paz: “bésense”, les dijo. Seguidamente, Jaime Rodríguez insistió en que acabar con el asistencialismo también crea oportunidades de desarrollo para las familias.

Había pasado medio debate y las propuestas, pero sobre todo los cómos, escaseaban para un público necesitado de respuestas ante un ambiente social donde existen más de 1,600 programas de apoyo social, pero que poco han funcionado, pues en 30 años el número de mexicanos en situación de pobreza ha pasado de 40 millones, a 53 millones; mientras que 21 millones vive con un ingreso apenas sobre la línea mínima de bienestar.

Educación, desarrollo sustentable, ciencia y tecnología

En la siguiente parte del debate los candidatos exhibieron su desconocimiento sobre los temas que serán futuro para las sociedades. Para el frentista Ricardo Anaya, que mantiene un discurso de no impuestos, no paternalismo y eficiencia de recursos públicos, prometió entrega de celulares y tabletas para todos los estudiantes de México, como una manera de llevar al país al llamado ecosistema digital.

José Antonio Meade prefirió hablar sobre apoyos a la educación básica preescolar y enfatizó en la creación de guarderías de tiempo completo; recursos pueden conseguirse, le dijo el moderador, pero la infraestructura “no da”, añadió. El Bronco fue más inteligente y se decantó por fortalecer el nivel técnico superior, como una manera de formar a los trabajadores que las industrias requieren.

López Obrador dio la nota aquí: propuso cancelar la Reforma Educativa y presentar una nueva iniciativa en la materia en la que también plantearía la evaluación del magisterio. Otra vez, Ricardo Anaya atacó con una supuesta relación del candidato con la histórica líder sindical Elba Esther Gordillo: “su foto la traes en tu cartera”, le espetó Anaya Cortés.

Mientras, López Obrador dijo: “vamos a cancelar la esencia de la Reforma Educativa, que no es una reforma educativa. Lo que se aprobó tiene que ver más con una reforma laboral. Es un mecanismo de represión para los maestros… le echan la culpa del atraso a los maestros (…) Vamos, con acuerdo con los maestros y especialistas, a elaborar un plan educativo nuevo, sin afectar los derechos de los maestros. Enviaré una iniciativa al Congreso... Pero en lo que nos corresponde, se cancela la reforma educativa. Los maestros no se oponen a la evaluación; sólo no quieren que sea un mecanismo de persecución, para castigar”.

El candidato morenista propuso además aquí a la científica María Elena Alvarez-Buylla Roces como futura jefa del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

De vuelta a los ataques, Ricardo Anaya se dedicó a insistir en que meterá en prisión a quien hay caído en hechos de corrupción y contra López Obrador lanzó que cancelar la reforma educativa es validar la “criminal” acción venta y herencia de plazas en el sector. Meade aprovechó diciendo que es “cancelar el futuro de los hijos” de los mexicanos.

El Bronco, retomando una postura conocida de López Obrador, dijo a los mexicanos en su última intervención: “son ellos los tres quienes chupan la sangre de su dinero. Quítate la pata del pescuezo; atrévete a ser valiente y vota Bronco”.