Para plantear un escenario posterior a las elecciones presidenciales del 1 de julio próximo, lo primero que hay que tomar en cuenta es que no será lo mismo haber logrado la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que no haberlo obtenido, señaló Raúl Feliz.

Dijo que en el escenario que ganara Meade o Anaya y además habiendo logrado la firma del TLCAN, se podría ver un superrally en los mercados domésticos. El tipo de cambio podría caer hasta 17 pesos por dólar, incluso a 16.80 o 16.90 porque hay margen para que eso pueda suceder.

Naturalmente, eso permitiría al Banco de México bajar mucho más rápido la inflación. Tal vez alcanzar la meta de 3% a principios del próximo año y seguro eso permitiría un repunte en el crecimiento porque hay muchos proyectos de inversión privada porque están detenidos y se agilizarían y porque la economía viene de un crecimiento tan mediocre y mientras la economía mundial esté creciendo es posible que veamos una aceleración a crecimientos arriba de 3 o 3.5% transitoriamente el próximo año.

Si gana López Obrador y no hay TLCAN se vuelve más compleja la negociación hacia adelante. Dependerá mucho de las personas que ocupen las posiciones claves. En ese sentido, expuso que sería lógico pensar que mucha gente va a buscar protección aunque, acotó, hay que decir que ya la mayoría de las empresas han comprado su protección, es decir ya han comprado dólares, por eso no se mueve nadie.

Ya han cubierto su pagos y sus vencimientos hacia adelante, porque ya están cubiertos sus mercados, pero algunos no lo están, entonces estos últimos todavía podrían en su acción mover el tipo de cambio hacia 19 o 20 transitoriamente en espera de una definición en política y seguramente la Inversión Privada se va a frenar y no por el tema del aeropuerto de la Ciudad de México, aunque es parte, se va a frenar porque las reglas del juego, explícitos o implícitos, van a ser revisados. Entonces hacia el segundo semestre, la economía podría recibir un shock de crecimiento porque la inversión se cae más todavía y en esas circunstancias como el tipo de cambio arriba, el Banco de México se vería obligado a subir la tasa de corto plazo.

Expuso que en un escenario donde haya un segundo semestre con tasas de 8.50 o 8.25 con el tipo de cambio en 20 y la inversión privada frenada podría generar que el crecimiento no sea de 2.3% si no con una desaceleración importante en el segundo semestre abajo de 2% y el primer semestre del siguiente año estaría contaminado todavía de esa situación.

Aclaró que es difícil saber qué es lo que haría y no haría un gobierno de López Obrador, pero si hiciera lo que está prometiendo en campañas, entonces sí sería de pronóstico reservado, aunque destacó que él no cree que eso ocurra, y lo mejor es ver una vez que estuvieran en sus oficinas ver lo que proponen.

Incluso dijo, que, por lo menos, al principio respetarían los equilibrios macroeconómicos, es decir, van a respetar la independencia del Banco de México y van a ir con una política fiscal restrictiva, es decir, van a tratar de reducir el déficit

Ya está comprometido 93% del presupuesto

Por su parte, el economista Fausto Hernández señaló que lo primero que hay que entender es que las campañas políticas y todo lo que se dice en ellas se usa para ganar y sería ingenuo pedir que los candidatos hicieran sus promesas de gobierno enmarcadas dentro de la restricción presupuestal.

En segundo lugar, señaló que hay que entender que 93% del gasto ya está comprometido e irá creciendo si no se hace una reforma de pensiones adecuada.

“El programa que quiera hacer López Obrador, Anaya o Meade lo tendrá que hacer con 7% del presupuesto, 93% restante está comprometido, tenga el proyecto que tenga”.

diego.badillo@eleconomista.mx