Primera señal: no hay un solo candidato relevante que no tenga cuenta en Twitter. Segunda señal: con una sola excepción, todos han twitteado.

Tercera señal: aunque los candidatos más populares en la red han ostentado cargos a nivel federal y llevan varios meses en web, es claro que para aquéllos con menor conocimiento popular, entre más han usado este instrumento más efecto han tenido. Cuarta señal: entre más competitivo sea el proceso local, más intenso será el uso de Twitter por parte de los candidatos.

La ventaja de Twitter, sobre otras redes sociales, como punto de medición para campañas es su dinamismo. Además de medir rápidamente el activismo de los candidatos y la respuesta por parte de sus seguidores.

Su diseño ha generado una serie de mediciones en Internet, que permiten comparar a los candidatos, por medio de aplicaciones que consideran popularidad, respuesta, involucramiento y confianza de éstos como usuarios de la red social.

Para este trabajo usamos aquellas que nos permitían medir en el tiempo cuatro cosas: número de seguidores, número de mensajes enviados, número de menciones por parte de otros twitteros, y una medición global de influencia en Twitter.

Por mucho, Xóchitl Galvez es la candidata con más seguidores, 7,160 al corte, esto se debe a que lleva comparativamente más meses usando la red.

Curiosamente, el candidato con más poder en Twitter es Dante Delgado, con un puntaje de 59 (sobre 100), aun cuando tiene apenas 2,152 seguidores.

La razón es simple, Delgado tiene niveles de involucramiento y confianza más altos; esto es, interactúa más intensamente con sus seguidores y genera twitts que son respondidos y retwitteados con mayor frecuencia.

La red como medio de compensación

¿Qué tienen en común estos tres candidatos? Que en las encuestas públicas se encuentran por debajo en la intención de voto. Así, Twitter se les presenta como una herramienta económica de promoción y, sobre todo, movilización de simpatizantes, cuando los candidatos se enfrentan a un escenario adverso en el proceso electoral local, aunque por supuesto, no sustituye a mecanismos de movilización tradicionales, sino que los complementa.

Pero Xóchitl, Gabino y Dante no son los únicos que han usado esta red social eficientemente de cara a las elecciones locales del próximo mes de julio.

Los procesos en Sinaloa y Tlaxcala son emblemáticos. En el primero, el candidato de la coalición opositora, Mario López Valdéz, inició su actividad en Twitter mucho después del candidato del PRI, Jesús Vizcarra, y hoy cuentan ya con un número similar de seguidores, en términos de influencia global, ya aventaja al candidato del partido gobernante.

En Tlaxcala, el candidato del PRI, Mariano González Zarur, y la candidata del PAN, Adriana Dávila Fernández, se encuentran técnicamente empatados en la intención de voto con 20% (según Gabinete de Comunicación Estratégica).

Detrás, la candidata del PRD, Minerva Hernández acumula apenas 12 por ciento. Pero en Twitter ella es la reina, mientras sus contendientes tienen un nivel de influencia global de 15 y 23 puntos respectivamente, ella suma 38 y por una sola causa: twittea, comunica, y sobre todo, responde e interactúa con sus seguidores.