Acapulco es una de las 50 ciudades con más asesinatos en todo el mundo, de las cuales 43 se encuentran en América Latina, según un artículo del profesor de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro e investigador del Instituto Igarapé, Robert Muggah, publicado en The Conversation.

De acuerdo con Muggah, desde hace más de una década, la tasa de homicidios en América Latina (16-23 por cada 100,000 personas) es tres veces la tasa promedio mundial (6.2 por cada 100,000 personas), con lo que casi cuatro latinoamericanos son asesinados cada 15 minutos.

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El Salvador es el país con la mayor tasa de homicidios en América Latina y en el mundo, con 91.2 muertes por cada 100,000 habitantes; le sigue Honduras, con 59.1 homicidios; el tercer lugar lo ocupa Venezuela, con 58 asesinatos por cada 100,000 habitantes; Brasil registra un promedio de 28.3 muertes por cada 100,000 habitantes; Guatemala, 27.3 homicidios; Colombia, 21.9 homicidios, y México, 17 homicidios por cada 100,000 habitantes.

Según Muggah, los homicidios ocurridos en estos siete países representan una cuarta parte de los homicidios cometidos a nivel mundial.

Para el investigador, las cosas no están tan mal en todo el continente latinoamericano. La tasa de homicidios en países como Argentina, Costa Rica, Perú, Uruguay y Chile no rebasa las 10 muertes de este tipo por cada 100,000 y en algunos casos es de apenas 2.7 homicidios por cada 100,000 habitantes.

A diferencia de estas naciones sudamericanas, en México, las ciudades que más han contribuido a que se incremente la tasa de homicidios son Chilpancingo, Guerrero; Ciudad Victoria, Tamaulipas; Tijuana, Baja California y Acapulco, Guerrero, la segunda ciudad con más homicidios en América Latina, de acuerdo con el profesor de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro.

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De acuerdo con The Economist, Acapulco registró 108 homicidios por cada 100,000 personas en el 2016, lo que la colocó en el segundo lugar de las ciudades más peligrosas de América Latina y que refleja la tendencia en el incremento de asesinatos en todo el país, que según el semanario inglés pasó de 14.1 por cada 100,000 habitantes en el 2015 a 17, en el 2016, cifra similar a la que se registró en el 2011, cuando la guerra entre las diferentes bandas del narcotráfico y los gobiernos de todos los niveles se encontraba en su máximo apogeo.

Y no hay evidencia de una reversión en el 2017. El número de asesinatos en México durante los dos primeros meses del 2017 es el más alto para enero y febrero desde que comenzaron los registros , explicó The Economist.

¿Cómo contrarrestar los homicidios latinoamericanos?

Medellín, la capital del Departamento de Antioquia y la segunda ciudad más poblada de Colombia, alcanzó en la década de los 90 una aterradora tasa de 380 homicidios por cada 100,000 habitantes. Durante la primera década del siglo XXI, el alcalde de la ciudad entre el 2004 y el 2007, Sergio Fajardo, puso en marcha un programa para reducir la violencia en esta ciudad sudamericana, el cual incluía la inversión por parte del gobierno y el sector privado en centros comunitarios de primera clase, escuelas y transporte público, parques, teleféricos y escaleras mecánicas cuyo propósito era unir diferentes áreas de la ciudad.

A esta estrategia impulsada por Fajardo se le denominó acupuntura urbana y de acuerdo con Muggah, sus resultados hablan por sí mismos, ya que hoy en día, la tasa de homicidios en Medellín es de alrededor de 20 por cada 100,000 habitantes y la cifra sigue cayendo.

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El investigador de la universidad brasileña contrasta estos datos con información de la región latinoamericana, la cual invierte entre 55,000 y 70,000 millones de dólares en seguridad pública, según información del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a lo que se le añaden los costos derivados de la violencia, que representan 3.5% del Producto Interno Bruto regional, lo que implica una suma adicional de 261,000 millones de dólares o 300 dólares por persona.

Pese a la enorme cantidad de recursos que se destinan a combatir la criminalidad y la violencia en América Latina, sólo 20 de cada 100 asesinatos resultan en una condena, mientras que a nivel mundial esta proporción es de 43 de cada 100. En algunos países latinoamericanos, la situación es más extrema: Caracas, capital de Venezuela, y San Salvador, capital de El Salvador, mantienen un sistema de justicia en el que sólo 10 de cada 100 acusados de homicidio reciben una sentencia.

En lugar de imitar las estrategias implementadas por el alcalde Sergio Fajardo en Medellín, Colombia, varios países latinoamericanos, entre los que se encuentra México, han respondido a la violencia con la inversión de más recursos económicos en las policías, los jueces y las prisiones.

Para Muggah, las acciones que llevaron a la disminución de la violencia y por ende, de los asesinatos, en Medellín, supusieron el establecimiento de objetivos puntuales; la generación de datos de alta calidad para realizar análisis; una reforma completa del sistema judicial y policiaco; el fortalecimiento de los vínculos sociales en comunidades fragmentadas y el decomiso de armas ilegales.

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La guerra contra las drogas en México y otras regiones de América Latina; la gran cantidad de armas no autorizadas y la dinámica de disparidad de género en la mayoría de los países de la región son algunas de las causas del boom de homicidios que Robert Muggah ve en América Latina. La más importante de todas es la desigualdad.

América Latina es el hogar de diez de los 15 países más desiguales del mundo, y aunque la relación entre la desigualdad y el crimen violento no es causal, hay evidencia de una fuerte correlación , explicó el investigador. En este sentido, hay que destacar que 13% de los alrededor de 108 millones de latinoamericanos de entre 15 y 24 años de edad no cuentan con un empleo que les permita desarrollarse. Los datos sugieren que los asesinos de América Latina son, en general, jóvenes, sin trabajo, fuera de la escuela y sin opciones , dijo Muggah.

Según el profesor de la universidad brasileña, el puño de hierro al que se han acostumbrado a recurrir muchos gobiernos latinoamericanos para controlar el crimen y la delincuencia, sólo ha alimentado la violencia y el encarcelamiento masivo .

La formación de vínculos dentro de una comunidad y una oferta cada vez mayor de oportunidades de desarrollo para los más jóvenes que viven en lugares marginados son algunas de las medidas que propone Muggah para mitigar esta escalada de violencia en América Latina. El desarrollo de estrategias que se basen en evidencias materiales y estadísticas es también fundamental para disminuir la violencia que se ha cernido sobre la región.

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