En la medida en que avanza el periodo de campañas extraordinarias para renovar la gubernatura de Puebla, el morenovallismo se extingue y el morenismo se afianza en esa entidad.

Para el director del departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana de Puebla, Juan Luis Hernández Avendaño, el proceso electoral extraordinario para definir quién será el próximo gobernador de Puebla es resultado de un clima político atípico derivado de la muerte de la gobernadora Martha Erika Alonso Hidalgo a 10 días de haber asumido el cargo.

La mandataria resultó ganadora de la contienda constitucional, marcada por la polarización y la violencia política que ocurrieron en el estado.

A la muerte de la mandataria y de su esposo, el exgobernador Rafael Moreno Valle, quien ejerció un dominio político en los últimos ocho años, el escenario político de Puebla dio un vuelco al pasar del morenovallismo como fuerza política hegemónica al morenismo.

En ese sentido, Hernández Avendaño destacó que el morenismo es ya la fuerza hegemónica en el estado, no sólo por los buenos resultados que obtuvo en las elecciones del 1 de julio de 2018, donde si bien perdió la gubernatura, ganó la mayoría en el congreso local, las principales presidencias municipales, incluidas de la zona metropolitana y las 15 diputaciones federales.

Al morir la pareja Moreno Valle-Alonso, Morena se apropió del escenario local, pues a pesar de que hubo un proceso de negociación para la elección del gobernador interino, en su gabinete operan ya importantes piezas del morenismo.

Juega a su favor el hecho de que, como partido, Morena todavía no padece el desgaste político propio del ejercicio del poder y, por otra parte, se mantiene la inercia del voto a favor de Andrés Manuel López Obrador en la elección presidencial del 2018. En Puebla, todavía hay un bono democrático alto en favor del presidente de la república.

Por otra parte, el hecho de que el Instituto Nacional Electoral (INE) haya atraído la organización de la elección le quitó de las manos a los morenovallistas el control de la contienda, ya que los órganos electorales locales están copados por ellos.

Esa situación perfila un escenario radicalmente diferente al configurado el año pasado. Ahora Morena aparece como figura política hegemónica.

Mientras eso sucede, el PAN, que hasta diciembre era controlado por Moreno Valle, Movimiento Ciudadano y PRD, también alineado al morenovallismo, que decidieron apoyar la candidatura del académico Enrique Cárdenas Sánchez, está siendo objeto de una especie de sanción por parte de los ciudadanos, debido a que se le identifica como fuerza política que apoyó el autoritarismo subnacional morenovallista.

En ese contexto, el exsenador Luis Miguel Barbosa presenta una ventaja de alrededor de 25 puntos porcentuales respecto de Enrique Cárdenas, lo que ocasiona una contienda dispareja.

Cesa golpeteo público al interior de Morena

Durante el primer mes de campaña, lo que destacó fue un fuerte golpeteo al interior de las filas de Morena, protagonizado por el candidato Luis Miguel Barbosa Huerta y el senador Alejandro Armenta, quien participó en la contienda interna por la nominación y quien aceptó, al menos públicamente, la candidatura hasta varias semanas después de haber iniciado las campañas.

Los desencuentros se agudizaron por la confrontación de los grupos morenistas, liderados, por un lado, por el senador Ricardo Monreal, que apoyaba al senador Armenta y, por otra parte, el encabezado por la presidenta del partido Yeidckol Polevnsky, que apoya a Barbosa.

Por ello, Hernández Avendaño destacó que el proceso electoral poblano, en gran medida, debe entenderse en la lógica del proceso ya en marcha, para la renovación del Comité Ejecutivo Nacional de Morena, que ocurrirá a finales de este año.

Debido a que el partido se perfila para consolidarse como la fuerza hegemónica del país, ahí está un capital político en disputa.

Se espera que la recta final de la contienda sea más tranquila para el candidato morenista, debido a que, por lo menos públicamente, cesó la confrontación interna.

Discursos por el cambio

Para algunos analistas, desde el inicio de la campaña un tema electoral que predominó fue el de la posibilidad de que pueda darse un cambio político y social después de ocho años de morenovallismo en Puebla.

Lo cierto es que Barbosa Huerta está capitalizando esa situación con un discurso antimorenovallista, a pesar de que Enrique Cárdenas el año pasado utilizó esa narrativa cuando construyó una candidatura independiente al gobierno del estado. Además de que, como académico, fue un importante crítico del morenovallismo, principalmente por el tema de la llamada deuda encubierta que estaba dejando el gobierno del estado.

A pesar de que Barbosa fue aliado de Moreno Valle, al menos durante los primeros años de su gubernatura, en estos momentos, se ha dedicado a posicionar un deslinde completo de ese personaje y una suerte de desarticulación de las reformas del morenovallismo. 

Ante esa situación, Cárdenas Sánchez se ha dedicado a apuntalar un discurso basado en las propuestas para resolver problemas públicos puntales como la inseguridad, la deficiente movilidad y otros que tienen que ver con el desarrollo sustentable, apoyándose en distintos estudios académicos que han nutrido su discurso.

Lo que ha pasado con ese candidato es que no ha podido establecer un discurso claro que le ayude a comunicar un deslinde del morenovallismo y eso se transforma en una debilidad paradójica para el aliancista.

En redes sociales, uno de los temas recurrentes es el de la supuesta delicada salud del candidato Luis Miguel Barbosa; sin embargo, esto no se ha reflejado en la campaña en tierra, sobre todo porque es él que ha visitado muchas más localidades que los otros contendientes.

Al igual que sucede a escala nacional, en Puebla, el PAN y el PRI son partidos que quedaron muy débiles después de las campañas del año pasado. El PRI desapareció totalmente del escenario poblano, cuando se alió a Romero Valle desde el 2011.

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