La impunidad favorece a quienes agreden o matan a periodistas y genera un círculo vicioso de violencia que urge frenar, demandó el representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH) en México, Jan Jarab, al pronunciarse sobre el asesinato del periodista Carlos Domínguez Rodríguez, el sábado 13 de enero en Nuevo Laredo, Tamaulipas.

Exhibió que este homicidio confirma el riesgo de ser periodista en México y en particular en Tamaulipas, un estado ya señalado por el efecto inhibitorio sobre la libertad de expresión.

En el estudio de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Zonas Silenciadas: regiones de alta peligrosidad para ejercer la libertad de expresión, reportó que el caso de Tamaulipas es uno de los primeros lugares en padecer esta violencia y paradigmático respecto del efecto silenciador y de autocensura que producen los ataques del crimen organizado contra la prensa.

Sobre la situación nacional, la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH reportó que ha prestado especial atención a la violencia ejercida contra reporteros, trabajadores de la comunicación y medios del país.

“Sin desconocer que México atraviesa una grave crisis de violencia y seguridad que afecta a diversos sectores de la población, la violencia contra los y las periodistas ha llegado a niveles alarmantes, se ha intensificado en los últimos años”, reportó el organismo multilateral.

Con base en las visitas que ha realizado a territorio mexicano, la Relatoría Especial y la CIDH han registrado que la mayor parte de los asesinatos, desapariciones y secuestros de los profesionistas de la información se concentran en zonas o regiones periféricas; en el caso de México, las entidades federativas que padecen fuerte presencia del crimen organizado, incluyen los estados Veracruz, Guerrero, Chihuahua, Tamaulipas y Oaxaca.

En el texto se pormenoriza que, si bien Veracruz ha llamado la atención por la gravedad y magnitud de la violencia perpetrada contra los periodistas, no ha sido la única región en la que los comunicadores se han visto afectados por la violencia.

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