Oaxaca, Oax. Aun antes de que ocurriera la mayor de las sorpresas, el jueves 7 de septiembre ya era un día para recordar en esta ciudad.

Por la mañana, nublada y templada, se esperaba la visita del presidente Enrique Peña Nieto, en un contexto en el que habían pasado más de 10 años sin que un Presidente de la República hubiera visitado la capital oaxaqueña.

La población, acostumbrada a los plantones y actos de protesta, lidió desde temprano con mayores bloqueos de calles por parte de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación para inconformarse por la reforma educativa, enfrentando los cordones de seguridad reforzados con una amplia presencia de policías.

Era al mismo tiempo un día especial, porque se inauguraría el Centro Cultural y de Convenciones, con una capacidad de unos 3,500 asistentes y con el que se pretende atraer visitantes fuera de las temporadas tradicionales de turismo.

Se esperaban altercados, gases lacrimógenos e incendios de vehículos, lo que ocurrió.

Pero insospechadamente un cohetón impactó a uno de los helicópteros de la flota aérea presidencial, en el que viajaban periodistas, rompiendo una de las micas. El proyectil propició entrada de humo a la aeronave, la cual pudo aterrizar.

Cuando por la noche vino la calma, un terremoto de 8.2 grados en la escala de Ritcher sacudió la ciudad.

En el hotel El Fortín Plaza, una gran parte de los huéspedes, en pijamas, evacuó el edificio. En sus pasillos, un señor salió por un instante completamente desnudo, para luego regresar a vestirse. Un joven, en calzoncillo, se cubrió sólo con una cobija. Otros se taparon el torso con lo que pudieron.

Al día siguiente, el presidente Peña Nieto regresó a la entidad, una de las más pobres del país, para brindar apoyos.

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