Mencionado como uno de los posibles aspirantes para contender por la dirigencia nacional de Morena, Mario Delgado Carrillo afirma que hay que esperar a que se emita la convocatoria respectiva; que todavía hay mucho trabajo por hacer en la Cámara de Diputados, donde lidera la potente mayoría morenista; sin embargo, dice: “Si yo puedo contribuir a fortalecer al partido, claro que estoy dispuesto a ello”.

Entrevistado en sus oficinas del recinto de San Lázaro, plantea que Morena, más que un partido, sigue siendo un movimiento, donde el lopezobradorismo es más grande que el propio Morena; que debe transitar hacia su institucionalización para que sea capaz de organizar su propia fuerza y ya no tenga que seguir siendo jalado por el presidente.

Empero, destaca que el lopezobradorismo debe seguir siendo el espíritu de Morena y comenta que ese partido debe ser el instrumento que garantice la trascendencia del proyecto de nación que encabeza hoy el presidente Andrés Manuel López Obrador.

¿Cuál es la reflexión que debe hacerse al interior de Morena, luego de las elecciones locales del 2 de junio pasado en seis entidades, tomando en cuenta que están a unas semanas de cumplir cinco años de obtener el registro y que en noviembre se habrá de renovar el CEN?

—Creo que es uno de los partidos más exitosos en la historia, a nivel internacional, que, a menos de cinco años de su fundación y en el segundo proceso electoral que participa, gana la Presidencia de la República, gana la mayoría en la Cámara de Diputados, en la Cámara de Senadores y un buen  número de legislaturas locales.

Sin duda, el partido logra aglutinar, gracias al liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, la voluntad de cambio de la sociedad mexicana.

Ahora, más que partido, Morena sigue siendo un movimiento, es decir, está integrado por muchos liderazgos a lo largo y ancho del país; liderazgos que vienen de la lucha, en algunas regiones, por alguna causa, siempre coincidiendo en los últimos años con las campañas presidenciales de Andrés Manuel López Obrador.

Lo que vimos en la última campaña presidencial, y no hay otra forma de explicar el número de votos que obtuvo, fue que Morena fue capaz de atraer muchos sectores de la población que tradicionalmente no simpatizaban con un partido de izquierda. El lopezobradorismo sigue siendo más grande que el propio Morena.

¿Dónde estamos? Una vez que se gana el poder que somos ya el partido en el gobierno, pues claro que es importante hacer una reflexión y ¿qué va a pasar con el movimiento? Creo que hay un camino que recorrer para institucionalizar al partido, para que del movimiento pasemos a un partido con reglas claras, transparentes, con mecanismos para dirimir conflictos y con una capacidad de organizar y ganar elecciones.

Morena tiene, desde mi punto de vista, que convertir en el partido que siga agrupando a las mayorías, que siga siendo el puente de participación política de la sociedad civil y también debe tener una organización muy profesional para la competencia electoral.

El proyecto alternativo de nación, por su trascendencia, necesariamente pasa por Morena y debemos de organizarnos para la disputa política otra vez en el 2021 y otra vez en el 2024 para que el proyecto continúe.

Sería un gran error pensar que todo está ganado, que tenemos que seguir apoyándonos en la ola de Andrés Manuel López Obrador y no que el partido tiene que organizar también su propia fuerza para que ya no tenga que ser jalado por el presidente, sino que ayude a empujar al presidente y su proyecto.

¿Cuáles son los retos en el trabajo de lograr la institucionalización del partido? ¿Debemos pensar en un partido fuerte independientemente del presidente de la república y el capital político que le genera?

—Morena debe ser el instrumento que garantice la trascendencia del proyecto alternativo de nación.

Morena va a ser el vehículo para que prevalezca por más años la Cuarta Transformación, para que se consolide.

El presidente ha dicho que hay que lograr avances significativos en esta administración para que sea irreversible los cambios que él está proponiendo.

Morena debe asegurarse de que, mediante la competencia electoral, se continúe con la Cuarta Transformación.

¿Cuáles son las fortalezas y debilidades que tiene el partido para cumplir con este objetivo?

—Las fortalezas son el gran posicionamiento político que tiene, el acompañamiento que hace con el presidente de la República. Debilidades, la falta de claridad en las reglas para dirimir conflictos.

—Para los ciudadanos, ¿juega a favor o en contra que sea un movimiento y no un partido político y que el lopezobradorismo siga como un elemento muy importante en torno al partido?

Es muy importante y tiene que mantener esa filosofía, el liderazgo, por supuesto del presidente de la República, como figura central del partido. El lopezobradorismo debe seguir siendo el espíritu de Morena.

¿Debe haber una sana distancia con el presidente?

Compartimos la misma plataforma. Creo que la plataforma de Morena es la plataforma que impulsó el presidente de la República. La gente, el primer de julio dijo “queremos que Andrés Manuel sea presidente de la República y que tenga la mayoría en la Cámara de Diputados para sacar adelante su proyecto”.

No debe causar ninguna duda que compartamos la misma plataforma. Obviamente cada quien tiene que hacer lo que le toca: el Legislativo la parte que le toca, y el Ejecutivo la parte que le toca.

—Venimos de una durísima experiencia de un partido de Estado y de centralización del poder en México. ¿Cómo hacer que Morena no caiga en esta situación y para que México no vuelva a padecer un partido de Estado?

—No. Hay una diferencia muy profunda. El partido de Estado viene a partir de un poder hegemónico, que se organiza para tener una democracia simulada y Morena viene del movimiento democrático auténtico.

La fuerza de Morena viene desde la revolución en las urnas que vimos el pasado 1 de julio y con un nivel de conciencia y politización de la ciudadanía que no habíamos visto nunca antes.

Siempre en un partido exitoso puede haber confrontaciones. ¿Hay riesgos de fracturas?

—Un partido que tiene tal expectativa de éxito es normal que se multipliquen los conflictos internos porque para algunas personas, pues la disputa por el poder está dentro, dado la expectativa de triunfo que hay hacia afuera en la competencia electoral. Sin embargo, para mí eso es simplemente una ilusión, porque todas las elecciones van a ser competencias duras. Ninguna va a estar ganada de antemano y cada vez vamos a ver resultados más cerrados.

Es a lo que nos deberíamos preparar. Ahora, ¿qué hacer con esta fuerza de Morena? Pues tiene que haber reglas muy claras, objetivos específicos y mecanismos transparentes para dirimir conflictos.

¿Usted aspira o le gustaría participar en el proceso para renovar la dirigencia nacional de Morena?

—Hay que privilegiar en el proceso de renovación del partido, que el partido salga fortalecido. Ésta debe ser la prioridad y en mi caso yo esperaría a ver qué va a plantear el partido en este proceso de renovación, en qué condiciones y bajo qué reglas.

¿Le interesa?

—Yo estoy en una posición, la verdad que me honra mucho, me distingue mucho ser el coordinador de la mayoría de los diputados de Morena, todavía hay mucho trabajo qué hacer aquí. Pero si yo puedo contribuir a fortalecer al partido, claro que estoy dispuesto a ello, pero hay que esperar todavía la convocatoria del partido.

¿Qué tipo de dirigencia requiere Morena?

—Prepararnos para una dirigencia que sea capaz de enfrentar con éxito la disputa por el poder en la elección intermedia. No pensar que vamos a una elección fácil, sino en el peor de los escenarios y salir a defender, organizarnos para el triunfo nuevamente.

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