Con la misma sonrisa con la que transitó tres meses de campaña, Ricardo Anaya salió por dentro con el temple caído. El mensaje, a diferencia de los que dio durante los 90 días pasados repletos de sueños y esperanzas por la investidura presidencial, esta vez fue de una difícil realidad gestada por el voto de los mexicanos: su derrota.

La sensación de derrota parecía anunciarse, aunque desde trincheras ajenas. Antes que Anaya, fue el candidato por el PRI, el Verde Ecologista y Nueva Alianza, José Antonio Meade, quien dio la noticia, las tendencias fueron claras, la victoria era de uno, de López Obrador.

Un joven con traje azul y lentes que no aparentaba más de 25 años, esperaba expectante el discurso por la noche de este domingo. Sus ojos, rodeados de lágrimas que salieron poco a poco durante el discurso de su candidato ejemplificaron la pérdida de la esperanza en las filas anayistas.

“Ninguna democracia funciona sin demócratas, por eso, porque creo en la democracia, porque soy demócrata digo hoy ante las y los mexicanos que la información de los resultados con la que cuento me indica que la tendencia favorece a Andrés Manuel López Obrador”, sentenció el joven candidato presidencial.

Para entonces, las lágrimas del joven de traje azul se convirtieron en sollozos de un sentimiento de derrota y sueños partidos.

No obstante, Anaya mantuvo la cordura. Con la oratoria que lo diferenció de los otros tres candidatos, expresó de manera concisa la postura que adoptará junto al Partido Acción Nacional, el Partido de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano durante los siguientes seis años.

“Defenderemos todos y cada uno de nuestros triunfos, gobernaremos ahí donde la gente nos dio su mandato y ejerceremos la función de contrapeso en el Legislativo sin el cual no hay democracia que valga.

“Desde aquí le digo al próximo Presidente de la República, en las causas que nos son comunes contará con nuestro apoyo, en la agenda con la que disentimos encontrará en nosotros una oposición tan firme y frontal como institucional y democrática”, enfatizó.

El discurso de derrota, acompañado de reiterados señalamientos sobre el uso faccioso de la Procuraduría General de la República (PGR) en contra de su candidatura no se selló con un documento, sino con el abrazo de su esposa.

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