Aunque desde diciembre pasado reveló los nombres de quienes lo acompañarían en el gabinete legal, Andrés Manuel López Obrador podría cambiar a algunos y nombrar a otros; por ahora, es un “gabinete de campaña”, opinaron analistas.

En la gira proselitista de 90 días que realizó por el país, López Obrador dejó ver a sus más cercanos colaboradores, con quienes operaría sus decisiones de gobierno.

El principal hombre de confianza y vínculo para llegar al entonces candidato era su coordinador de comunicación, logística y de asesores, César Yáñez.

Luego, Marcelo Ebrard, a quien Obrador en sus mítines por el país no se cansó de calificarlo como su “carnal”, su “hermano”.

Aunque no ocuparon cargos formales en la campaña ni en el partido Morena, los hijos de Obrador, Andrés, José Ramón y Gonzalo, asesoraron a su padre en el nombramiento de candidatos en la Ciudad de México, Estado de México y en el norte del país, respectivamente. El tabasqueño aseguró que en su gobierno no habría nepotismo, por lo que estaría descartado que ocuparan cargos públicos.

Bertha Elena Luján y Julio Scherer Ibarra, coordinadores del voto de Obrador en la quinta y tercer circunscripción del país, respectivamente, también son de las personas más cercanas al candidato y son sus consejeros políticos y de discurso.

Se sabe que Julio Scherer trabajó con el candidato temas de discurso y manejo de crisis durante la campaña, sobre todo en rubros como la polémica por el nuevo aeropuerto y el choque con empresarios. En el caso de Bertha Elena Luján, es conocida la amistad que ambos tienen desde que él fue jefe de Gobierno.

Yeidckol Polevnsky, dirigente de Morena, pertenece también al primer círculo del candidato. En el 2012, fue su coordinadora financiera de campaña y actualmente juega un papel de vocera, enlace con medios y con grupos sociales.

El empresario Alfonso Romo, a quien en la víspera anunció como su jefe de la Oficina de la Presidencia de la República, es otro de los hombres cercanos al político. Romo fue su vínculo directo con los empresarios e incluso fue el operador para que López Obrador se encontrara y limara asperezas con los principales dueños de empresas, el pasado 5 de junio.

Ricardo Monreal, quien originalmente se pensó que sería el coordinador de campaña de AMLO, es un personaje que no logró colarse a los nombramientos del gabinete lopezobradorista, ni en las listas de candidatos al Congreso federal, debido al choque que tuvo con Morena en el 2017, inconforme con la designación de Claudia Sheinbaum al gobierno de la Ciudad de México.

Sin embargo, López Obrador lo incluyó como su coordinador en la segunda circunscripción del país, dejando abierta la posibilidad de que pueda ser incluido en alguna función de gobierno.

Horacio Duarte, representante de Morena ante el INE, también es un cercano colaborador del tabasqueño. Hace unos días le dijo en un mitin que ya está “inventariado” en su movimiento y le reconoció su lealtad.

La expanista Tatiana Clouthier fue la coordinadora general de campaña de AMLO. Sin embargo, sólo se le vio en algunos mítines del candidato presidencial. Pero a partir de su nombramiento, comenzó el exilio de panistas a Morena, entre ellos Gabriela Cuevas, José María Martínez, Germán Martínez, entre otros.

Un caso especial fue la candidata de Morena al Senado por el Estado de México, Delfina Gómez. Fue la única candidata con quien López Obrador tiene una cercanía, incluso afable. “La queremos mucho”, dijo el entonces candidato presidencial durante sus mítines.

En entrevista, el politólogo José Antonio Crespo consideró que los nombres revelados por Obrador en diciembre pueden tratarse de un “gabinete de campaña”.

“No sabemos si los va a ratificar. No se sabe con quién va a gobernar. Es un gabinete de campaña. No sería raro que llegando anunciara a otros o que ya en poco tiempo cambiara a algunos de ellos”, dijo.

Cambio de discurso

Doce años de lucha por la Presidencia vieron transformarse a Andrés Manuel López Obrador de un candidato en el 2006 de discurso duro contra el sistema, que desdeñó las instituciones, confrontó a los empresarios y apostó a su popularidad, a un contendiente en el 2018 que cambió la narrativa de “primero los pobres” a un “gobierno para todos”. Atrás dejó los insultos para arropar el “amor y paz”, y se asumió como el candidato anticorrupción, que respetará la inversión privada y el libre mercado.

Esa transformación lo mantuvo a la cabeza en las preferencias electorales desde octubre del 2017, cuando comenzó en niveles de 30 puntos, y lo catapultó al concluir las campañas políticas, en las que los candidatos Ricardo Anaya, del frente PAN, PRD y MC, así como José Antonio Meade del PRI, PVEM, NA, y el independiente Jaime Rodríguez Calderón, no pudieron despuntar.

En la campaña del 2006, a López Obrador se le recuerda por la frase: “¡Cállate, chachalaca!”, que le lanzó al entonces presidente Vicente Fox, lo que le causó a Obrador una fuerte crítica social por denostar la figura presidencial. Al perder la elección frente al panista Felipe Calderón, a López Obrador también se le recuerda por la frase: “¡Al diablo con sus instituciones!”, que soltó contra el entonces Tribunal Federal, que validó el triunfo del panista.

En su campaña presidencial del 2012, López Obrador tuvo su primer cambio de postura política, e, incluso, ofreció disculpas a quienes no vieron con buenos ojos en el 2006 el bloqueo en Reforma por inconformidad con el triunfo de Calderón.

Ya para la campaña del 2018, López Obrador no dejó de tener posicionamientos polémicos, como su idea de cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, lo que abrió un flanco de confrontación con empresarios, a quienes el candidato calificó como “mafia del poder” y “traficantes de influencias”. A diferencia del 2006, Obrador aceptó reunirse con ellos y limó asperezas.

La campaña en el 2018 tuvo un discurso de crítica hacia los actos de corrupción en el actual sexenio, al grado de prometer desterrar por completo ese flagelo en seis años.