La sucesión presidencial siempre nos impone un reto intelectual a los politólogos porque implica procesos de imaginación política que cristalizan en análisis prospectivo. Los antiguos hacemos prospectiva intuitiva, culturalista; los modernos utilizan el rational choice y los árboles de decisiones. Como vivo a caballo entre la ciencia política y la historia, entre la prospectiva y la perspectiva, prefiero los análisis comparados y las series, con la mala conciencia de que el hecho político, al ser único e irrepetible, es susceptible de ser narrado históricamente.

Más allá de disquisiciones teóricas, el proceso de sucesión presidencial ya comenzó con un tropezón enorme que fue el 19S-bis que, como ya se ve, condicionó el arranque. El concurso de bondad y solidaridad partidaria por ver cuál de los partidos y alianzas contribuía con más recursos a la reconstrucción los dejó mal parados, pero en realidad sólo ante la opinión pública. El resto de la población estaba tan metida en las tareas de ayuda, acopio, rescate y realmente en el estrés postraumático que quizá sólo hizo caso a medias. La cuestión es que los partidos quedaron mal parados y seguramente tendrán que pagar factura a la hora de la votación, porque la opinión pública se va a encargar de recordar el tema.

Los partidos aún no salen del estado de shock. Me temo que tampoco el INE, el cual tiene que lidiar no sólo con las ocurrencias partidarias, sino con problemas internos. Algunas oficinas del INE quedaron afectadas por el sismo y varios (muchos) de sus trabajadores quedaron damnificados. Sería muy problemático obligar a la gente a trabajar en un sitio donde no se sienten seguros. Especialmente si ya estamos al borde de entrar en temporada de 24x7.

Volviendo a los candidatos presidenciales, ya se han registrado varios independientes. Empezó Pedro Ferriz de Con el pasado 27 de septiembre; el senador Armando Ríos Piter se registró el miércoles pasado ante el Instituto Nacional Electoral como aspirante por la Presidencia de la República. También el catedrático Edgar Ulises Portillo, que nadie lo conoce, pero hará el intento. El dudosamente apartidista gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón (aka el Bronco), también se registró.

Se menciona en corrillos que los líderes del Frente Ciudadano ya decidieron que el candidato presidencial será el panista Ricardo Anaya, que la jefatura de Gobierno de la CDMX será para la perredista Alejandra Barrales y que la candidatura al gobierno de Jalisco se le otorgará a un militante de Movimiento Ciudadano, es decir que es una plaza para Dante Delgado. Y si efectivamente Nueva Alianza se une al Frente Ciudadano, algo le tendrán que dar, al menos la candidatura de alguno de los gobiernos estatales en disputa: Chiapas, Guanajuato, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz y Yucatán.

Ante esa eventualidad de que ya esté acordada la división de los cargos, los aspirantes panistas, Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle; y el perredista Silvano Aureoles solicitaron a Anaya, Barrales y Delgado que el candidato presidencial del Frente Ciudadano sea resultado de una elección abierta a la ciudadanía, para garantizar que realmente sea un candidato emanado del mandato popular ciudadano y que no sea una decisión orientada por intereses personales o de grupo. Es evidente que tienen razón: para que el Frente Ciudadano gane legitimidad es preciso que el candidato presidencial y en general todos sus candidatos cuenten con tres elementos: capacidad de convocatoria, movilización y organización, y eso es mucho más fácil si se involucra a la sociedad en la selección de los candidatos. Si realmente logran proponer un candidato presidencial más ciudadano que partidista, con eso el Frente habrá logrado un paso gigantesco.

Pero la realidad es que, en estos momentos, la probabilidad de que Anaya sea el candidato presidencial es alta. Por eso, Margarita Zavala buscará una candidatura independiente o, en todo caso, será candidata por el Partido Encuentro Social. Felipe Calderón estableció una alianza electoral con ese partido en el 2006. No le dio muchos votos, pero la relación entre los Calderón y Hugo Eric Flores, líder real del PES, es óptima. Ahí la pregunta es de índole religiosa, porque de tapadillo, el PES es un partido evangélico, y Margarita Zavala es católica practicante, hasta donde se sabe. Las afinidades ideológicas existen, pero suena a una abdicación de principios en aras de un sueño de continuidad en el poder que resulta todo menos democrático. Por lo que toca a Rafael Moreno Valle, si se registra como independiente o no, tampoco es tan importante porque a nivel nacional es poco conocido.

La candidatura presidencial de Ricardo Anaya también depende de la correlación interna de fuerzas en Acción Nacional, léase que tenga el apoyo del Consejo Nacional y que haya logrado conciliar con los grupos que apoyan a Ernesto Ruffo, Luis Ernesto Derbez y Juan Carlos Romero Hicks, para evitar un desgajamiento ulterior, pues ya bastante tiene con la rebelión de los senadores Roberto Gil, Ernesto Cordero y Javier Lozano. Al parecer Ruffo ya cedió. Aún así, Anaya no la tiene fácil; si se impone, sería el principio del fin del Frente. En realidad, lo que más convendría al Frente es buscar un candidato que no fuese cualquiera de los ya mencionados, necesitan de una especie de Macron, ahí es donde la figura de Claudio X. González cobra lógica, y lo mejor sería una elección abierta.

Miguel Ángel Mancera ya no pinta en este asunto. Fue uno de los damnificados del 19S-bis y si juega con el Frente Ciudadano, probablemente le será ofrecido algún cargo de importancia, pero sus ambiciones cayeron al mismo tiempo que los edificios colapsados en la CDMX.

Por descontado, Andrés Manuel López Obrador será el candidato de Morena. Sólo queda la cuestión de quién será el candidato del PRI. Osorio Chong, descontado; Aurelio Nuño no las tendría todas consigo; ni Narro ni Enrique de la Madrid son visibles. Sólo queda José Antonio Meade, que es la opción tendencial y lógica, incluso los senadores panistas rebeldes lo apoyan. Además, tiene el apoyo del gran elector: Ernesto Zedillo.

La alineación de candidatos presidenciales, hoy por hoy, sólo tiene una figura segura: AMLO.

Antes de noviembre tendrán que definirse el resto de los candidatos presidenciales. La pregunta es cómo van a ser las campañas. Si efectivamente los recursos de los partidos, no todo, pero alguna parte, se van a la reconstrucción, y sí los líderes de los partidos y alianzas leyeron bien el humor social. De ser así, por primera vez veremos campañas no ostentosas, sin dispendio en propaganda, pero con un uso ultraintensivo de redes sociales.

Veremos un importante trabajo de base, a ras de suelo, de los candidatos, pues ahora sí va a ser de absoluta importancia que los candidatos presidenciales se muestren cercanos a la gente, incluso de manera virtual. El humor social no está para frivolidades, los candidatos van a tener que observar un comportamiento ejemplar, sin despilfarro ni populismo barato. La experiencia del sismo ha sensibilizado a la ciudadanía, pero falta ver si la energía social se canaliza adecuadamente a lo que realmente importa: el combate sistemático a la corrupción y la exigencia de rendición de cuentas. Habrá sorpresas. No todo está dicho; tendencialmente, estamos ante a una elección a tercios.