Tras la toma de posesión de Donald Trump, era obligado que el gobierno mexicano respondiese a un discurso inaugural, que literalmente dio por sentado que todos los países del mundo tendrían que ser consecuentes con sus intereses. Make America great again pasó de ser una aspiración de campaña a una realidad de gobierno en 72 horas, sin miramiento alguno para el resto de la humanidad.

Durante el fin de semana, el 21 y 22 de enero, no hubo respuesta oficial por la parte mexicana; el lunes 23 se dio el primer posicionamiento del gobierno peñista. De lo dicho el lunes a la decisión del jueves 26, hubo un cambio sustancial, en función de las primeras acciones de gobierno de Trump. El problema fue que Enrique Peña Nieto y su equipo fueron reactivos y no proactivos. El presidente norteamericano no perdió el tiempo en implementar sus promesas de campaña: en sólo cinco días firmó la orden ejecutiva para construir el muro fronterizo, el que, según Trump mismo, también beneficiará a los mexicanos.

Ya dos de los primeros decretos ejecutivos afectaron a México: el de no financiar las iniciativas de control de la natalidad fuera de los Estados Unidos y la retirada del Acuerdo Transpacífico.

El pasado lunes 23, Peña Nieto convocó a una reunión en Los Pinos para informar al establishment nacional los puntos centrales de la estrategia en política exterior, fijando dos prioridades:

  1. Fortalecer la presencia de México en el mundo: diversificar los vínculos políticos, comerciales, de inversión, turismo y cooperación, estableciendo relaciones bilaterales con más países y asistiendo a foros multilaterales;
  2. Nueva etapa de diálogo y negociación bilateral con Estados Unidos.

Sobre el primer punto, se esbozaron los países y regiones con los que México buscará ampliar la interrelación política y comercial. En primer lugar, como debió haber sido siempre, Peña expuso que se fortalecería la relación con América Latina y el Caribe, para estimular el comercio, la inversión y el empleo a través de la Alianza del Pacífico Colombia, Chile y Perú y buscar mayor intercambio comercial con Argentina y Brasil. Con respecto a Centroamérica, Guatemala, Honduras y El Salvador, específicamente la relación se centrará en temas de derechos humanos y migración.

Con Europa, el presidente dijo que es prioritario modernizar el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, y establecer un acuerdo por separado con el Reino Unido. En lo referente a Asía Pacífico, Peña detalló que en esa región están cinco de los 10 principales socios comerciales de México, con los que se intensificarán los flujos de comercio, inversión y turismo. También dijo que se buscará firmar acuerdos bilaterales comerciales con los países que pretenden integrar el Tratado de Asociación Transpacífico.

A cerca de Medio Oriente, la idea es consolidar alianzas estratégicas con países y actores clave para atraer mayores inversiones. Para gran sorpresa, Peña mencionó que hay interés en estrechar vínculos comerciales y de cooperación con África... En cuanto a la Organización de las Naciones Unidas, los temas en que México está interesado son la migración, el tráfico de armas y el de drogas.

Problemas con la agenda

En cuanto a la relación bilateral con Estados Unidos, marcó cinco principios generales: soberanía, respeto al Estado de Derecho, integración de Norteamérica, negociación integral y visión constructiva y propositiva. Más importantes fueron los 10 objetivos en la relación con el vecino del norte: compromiso del gobierno norteamericano por garantizar el respeto a los derechos de los migrantes mexicanos; repatriación coordinada y bajo los protocolos acordados; promoción conjunta del desarrollo de Centroamérica; asegurar el libre flujo de remesas; que el gobierno norteamericano detenga el ingreso ilegal a México de armas y de dinero de procedencia ilícita; preservar y modernizar el Tratado de Libre Comercio (TLC), incluyendo nuevos sectores como telecomunicaciones, energía y comercio electrónico; mejoramiento de los salarios de los trabajadores en México; proteger el flujo de inversiones hacia México y mantener la frontera sin muro.

Tales objetivos, como hoy es más que evidente, fueron rechazados por Trump de manera casi inmediata, al dar a conocer el martes 24 por la tarde vía su cuenta de Twitter su espacio favorito de expresión que el miércoles 25 firmaría la orden ejecutiva para la construcción del muro fronterizo, lo que efectivamente sucedió cuando los secretarios de Relaciones Exteriores y de Economía, Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo quien ya había adelantado que México podría salirse del TLC si la renegociación no resultaba conveniente, ante la negativa canadiense de mantenerse en el TLC sólo con México se hallaban ya en la Casa Blanca, ajustando la agenda para la visita de trabajo, que no de Estado, fijada para el 31 de enero. Un golpe bajo, sin duda, que obligó a Peña a responder en redes sociales, señalando que México no pagará el muro y que evaluaría su visita a Washington.

A la mañana siguiente, en su cuenta de Twitter, Trump desinvitó a Peña, por no avenirse a pagar el muro. Poco más tarde, Peña canceló la visita a Washington, lo que muchos mexicanos le habían pedido encarecidamente. Ese mismo día, por la tarde, Trump adelantó que el muro se pagaría con un arancel de 20% a las importaciones mexicanas, sin percatarse de que en realidad pagarían los consumidores norteamericanos. Pero ahí no está el quid, sino en la amenaza de cancelar la asistencia económica y militar a México.

Aunque es cierto que Peña debió haber cancelado la visita de trabajo desde el momento en que se firmó la orden ejecutiva, es decir el 25 de enero, el haberse negado a concurrir fue un avance. Tardío, pero un avance. Ahora, el presidente de México cuenta con cierta solidaridad de la clase política hasta López Obrador le ofreció su respaldo y de la sociedad. Parece estar surgiendo el germen de una posible unidad nacional, que idealmente debería llevarnos a pactar acuerdos para salir adelante. Independientemente de las enormes fallas de la clase política nacional, Trump es, objetivamente, un enemigo que pudiera obrar el milagro de que, de una vez por todas, los mexicanos se unan en favor de una causa concreta común.

Pero, ¿será momento de hacer algo con la relación bilateral?, ¿será mejor que México mantenga en suspenso cualquier iniciativa, en espera de que Trump termine por enajenar a sus conciudadanos por lo pronto mujeres y científicos, más los que se sumen en la semana y al mundo entero? Tácticamente, me parece mejor la segunda opción.

El único beneficio que el muro fronterizo puede dar a los mexicanos es que, de una buena vez, sociedad y gobierno caminen hacia la estructuración de un pacto para generar un nuevo modelo de desarrollo centrado en el crecimiento del mercado interno, el aprovechamiento racional y eficiente de los recursos naturales y humanos del país, tanto en el sector público como en el privado, el mejoramiento de la calidad de la educación, la erradicación de la corrupción, consumir los productos nacionales y estimular la articulación entre el capital humano y las fuentes de trabajo, entre otras acciones urgentes, incluyendo ver hacia nosotros mismos sin negar la importancia de la globalización. No hay de otra: nos toca cambiar de paradigma.

rarl