"¡Agua... Quitense, necesitamos agua, por favor se necesita!", Grita con desesperación uno de los voceros improvisados que trata de coordinar la ayuda que se dirige a un despacho de contadores en Álvaro Obregón, 282, que ha colapsado por completo y en donde se encuentran atrapadas al menos 50 personas.

A unos metros de ahí en la esquina de Amsterdam y Lerdo la imagen se repite, ahí el ambiente apesta a gas; ¡celulares apagados, hay fuga de gas!, repite una joven brasileña que vive en la zona y trata de ayudar, pues dice, México es su casa.

Decenas de militares coordinan el circuito Roma-Condesa que se encuentra entre la zonas más afectadas por el sismo de esta tarde.

Sus rostros, acostumbrados a la seriedad hoy parecen más susceptibles, hoy voltean, cuidan, pero en algunos, que regresan de la zona de desastre, parecen decirlo en silencio, la situación no es fácil, el rescate de las personas que no pudieron escapar se complica; hay manos pero no herramientas sentencia un elemento de la marina que apurado responde sobre cuál es el estado de la situación.

Muchos corren, otros más, impávidos, observan las labores de rescate, algunos no hablan de forma fluida español, pero aún así responden con agua y algunos alimentos, además de medicamentos, que por el momento, en la zona también escasean.

No hay luz, no hay agua, los semáforos acostumbrados a trabajar día y noche en la zona están muertos, los conductores aceleran, miéntras algunos elementos de la milicia tratan de controlar el tráfico.

Todos se detienen ante el pasar de una máquina excavadora camuflajeajada de color verde Olivo, se dirije a la zona de desastre.

Las autoridades, hasta el momento desconcertadas aún tratan de coordinar los rescates. El recuerdo de ese 1985, su espíritu, apesta en la Ciudad.

hector.molina@eleconomista.mx