Al no ganar la Presidencia de la República, el PAN deberá atravesar un periodo de reconstrucción interna, coincidieron expertos.

La candidatura de Ricardo Anaya por la coalición Por México al Frente (PAN, PRD y MC) atrajo diferentes desencuentros al interior del blanquiazul.

La salida de Margarita Zavala del partido al imponerse Anaya en sus aspiraciones atrajo el primer desencuentro en la filas del PAN entre el entonces presidente del partido y el esposo de Zavala, el expresidente Felipe Calderón.

Un segundo desencuentro relevante se suscitó entre los llamados senadores “rebeldes”, quienes vituperaron las aspiraciones presidenciales de Anaya.

Ernesto Cordero, presidente del Senado, encabezó la revuelta en las filas panistas que concluyó con su expulsión del partido tras ser él quien denunció a Anaya ante la PGR en la recta final de la campaña por lavado de dinero.

“Yo creo que el PAN tiene un problema fundamental, que es que nunca ha resuelto su autoimagen de un partido honesto, de profesionales, con la experiencia de dos gobiernos que resultaron menos buenos, menos serios, menos consolidados, menos exitosos”, aseveró Luis Rubio, presidente de la organización civil México Evalúa.

A esto, agregó Rubio, se suma que tras los gobiernos de Calderón (2006-2012) y de Vicente Fox (2000-2006) el PAN no ha logrado marcar una diferencia con los gobiernos priistas y esa mala imagen le ha pasado factura.

“El PAN tiene que resolver un problema de esencia (...) y adicional a eso traen el tema de todos los intereses internos que van a querer apropiarse del partido (...) el fenómeno político es el mismo, siempre que alguien pierde una elección”, dijo.

Como personajes principales en la disputa por el control del partido se avizora a la misma Margarita Zavala y a figuras como el gobernador de Chihuahua, Javier Corral, o incluso el mismo Ricardo Anaya, indicó por su parte César Astudillo, especialista del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

El especialista afirmó que el poder de Anaya al interior del partido se sostiene en pilares llamados Santiago Creel o Diego Fernández de Cevallos, panistas de vieja guardia, lo que le da oportunidad para hacerse del control.

“Está, pues, una ala del PAN tradicional sin lugar a dudas, tiene un peso específico; por otro lado está el nuevo PAN, el PAN de los jóvenes (...) puede suceder de todo, que tengan la capacidad de recomponerse a partir del propio liderazgo del Jefe Diego, de Creel, o puede ser que los gobernadores ahora en la posición del poder que van a quedar, finalmente son 12 gobernadores que pueden hacer fuerza y quedarse al frente del partido”, dijo.