Cosas de la edad, de ser Generación X o de la sempiterna curiosidad que siento por los fenómenos políticos, acepto que estaré el próximo domingo 22 de abril a las 8:00 de la noche en punto sentada frente a la tele, con una libreta para apuntar algunas frases de los candidatos, con la computadora abierta con Facebook, con la tableta en Twitter, y el celular en WhatsApp. Hay que enterarse de los chismes en tiempo real. Por oficio, desde 1994 no me pierdo los debates presidenciales. Es como el banderazo de salida de la elección y resulta bastante divertido —en gustos no se discute— observar a los candidatos, el atuendo elegido, la comunicación no verbal, lo que efectivamente dicen, y por supuesto, tratar de escudriñar lo que se guardan. En esta ocasión promete ser más divertido, porque el formato ha cambiado. Hasta participación ciudadana va a haber.

El primer debate seguro tendrá audiencia. Aunque sólo sea a vuelo de pájaro, apenas un rato, o yendo y viniendo de la cocina a la tele, por aquello de que es mejor ver el debate en bola —hay que inventar una reunión para chismorrear-criticar al candidato que peor nos caiga—, muchísimos mexicanos estaremos pendientes de lo que los candidatos dicen sobre lo que piensan hacer si llegan al poder. Pero también habrá montones de ciudadanos que de plano le darán la vuelta al debate por razones tan diversas como que ya saben por quién van a votar, porque no tienen tiempo, porque les aburre o porque les importa un soberano cacahuate, lo que en términos personales es válido, pero la ciudadanía implica sacrificios y uno de ellos es enterarnos acerca de lo que plantean los candidatos a los cargos de elección popular y ejercer el voto razonado. Sé que es una aspiración mayor para una ciudadanía relativamente apática, que se queja y con razón, pero no participa.

Por eso recomiendo echar un vistazo al primer debate, aunque sea por curiosidad malsana. Ya si quieren abundar en el tema, seguramente los medios tendrán la amabilidad de hacer resúmenes inmediatos. Twitter va a ser una herramienta insustituible, porque permite ver qué es lo que las personas rescatan a bote pronto de las respuestas de los candidatos, qué es lo que más les molesta, qué resulto irrelevante; en fin, será una cajita de sorpresas. Pero más que nada, Twitter va a ser la fuente imprescindible para los que quieran saber qué dijeron, pero les da una pereza enorme sentarse casi dos horas para ver a cinco personajes pelearse en lo abstracto. La verdad es que el debate de cinco candidatos me parece complicado y una pérdida de tiempo, porque ni Margarita ni el Bronco merecen estar en la boleta. Pero el Tribunal Electoral no piensa lo mismo, una pena…

El tema de este primer debate será “Política y Gobierno”. Muy amplio y mucha tela de dónde cortar. Menos mal que hay subtemas: Seguridad Pública y Violencia, así como Democracia y Vulnerabilidad, pero aun así son temas enormes, cuya simplificación puede llevar a lecturas erróneas de las propuestas. Esperemos que los candidatos se esmeren en proponer cosas claras concretas, realizables y consecuentes con la realidad del país y del mundo. Ojalá los candidatos no se dispersen, tentados por el antagonismo. Especialmente, me gustaría ver a AMLO más fluido, primero, para que diga algo inteligible de corridito y, segundo, para que el debate no sea anticlimático.

Por eso la tarea de los moderadores Denise Maerker, Azucena Uresti y Sergio Sarmiento durante ese par de horas va a ser titánica. Las preguntas que los tres moderadores formulen a los candidatos provendrán de las encuestas, estudios y sondeos de opinión que se hicieron a la ciudadanía. Eso es un avance, porque serán preguntas fundadas en la realidad, independientemente de la agenda de los moderadores, cuya neutralidad hay que reconocer, que es aceptable en la medida de lo posible.

Otra cosa, muy importante a mi juicio: las preguntas de los moderadores no podrán ser socializadas de antemano. Ello supone que los candidatos deberán ir sólidamente informados sobre los temas propuestos. Los asesores tendrán que hacer un trabajo de análisis y síntesis impecable, mientras que los candidatos tendrán que ensayar punto por punto y a conciencia, sus probables respuestas. Si no es así, corren el riesgo de hacer un ridículo insuperable, y lo peor, agotar sus posibilidades. Además, en una encuesta nacional realizada a los ciudadanos indecisos por la empresa POP Group, de Fernando Graue Agreda, en marzo pasado, 46% señalaba que creía que los debates influirían mucho en su decisión final y 22% consideraba que algo. De los indecisos, 25% argumentaba que decidiría su voto al ver debatir a los candidatos. El número de indecisos ronda por 24-25% de los electores, así que es justo a este grupo al que se deben enfocar los candidatos porque puede hacer toda la diferencia. Y según POP Group, los indecisos favorecen a Meade. ¿Será que a partir del primer debate los números de Andrés Manuel empiecen a bajar? Dependerá de su desempeño. Lo mismo vale para Meade y para Anaya: de cómo se manejen en el primer debate dependerá si repuntan o no. Es más: me atrevo a decir que es la primera gran oportunidad que tienen para realmente quedarse con el segundo lugar.

El debate iba a ser de dos grandes segmentos, con cuatro bloques en total, dos por segmento, pero la tardía inclusión del Bronco vino a dar al traste con la organización. Sólo quedarán tres bloques

Los temas seguirán siendo los mismos tres antes señalados, divididos en tres bloques. En cada uno, los tres moderadores darán una introducción de un minuto. Después, uno de los moderadores hará una pregunta general que los candidatos tendrán que responder en dos minutos y medio. Después vendrán las preguntas de referencia, una para cada quién, con dos minutos y medio por cabeza. Al finalizar el primer bloque, habrá 30 minutos para réplicas y contrarréplicas entre los candidatos, dos oportunidades para hablar por cada uno.

En los dos últimos bloques va a ser prácticamente lo mismo, nada más que la presentación de la pregunta específica de los moderadores será sólo de medio minuto. Al finalizar el segundo bloque, parece ser que se iniciará una mesa de diálogo entre los candidatos por 8 minutos. Al final del último bloque, cada uno de los candidatos tendrá un minuto para cerrar su participación en el debate.

Como el tiempo no sobra, los candidatos presidenciales tendrán que ser muy precisos en sus respuestas.

En todo caso, recomiendo a los lectores que, si quieren ver el debate, se armen de paciencia, de botanas, bebidas diversas, y se dispongan a ver un espectáculo de difícil asimilación, que seguramente tendrá momentos brillantes, algunos risibles, pero los más serán los embates para anularse uno al otro, mediante acusaciones sobre quién de ellos tiene las peores trayectorias y propuestas. Correrá sangre virtual. Lo interesante será saber quién salió mejor librado como orador y si esto impactó en las preferencias electorales. Lo sabremos en días subsecuentes.

erp