La mañana del 19 de septiembre, vecinos del multifamiliar Tlalpan despertaron, fueron a trabajar, y a las 13:14 horas un sismo de 7.1 grados les dio un vuelco a su vida: uno de los 10 edificios de la unidad colapsó, dejando nueve personas fallecidas, decenas de familias que perdieron su patrimonio y ahora, ante la incertidumbre de las condiciones estructurales de los demás inmuebles, 500 familias tuvieron que ser desalojadas.

Al menos tres puntos de la zona se han acondicionado improvisadamente como albergues y campamentos: la escuela Fray Eusebio Francisco Kino funciona para albergar a los damnificados del edificio 1-C que colapsó y del 3-B, con daño estructural grave, además de otros vecinos.

Mientras que en las canchas deportivas y el parque Álvaro Gálvez, los inquilinos, ahora desalojados, duermen en casas de campaña cubiertas con lonas, comen de la comida que vecinos de otras colonias les llevan, y además del trauma de perder a amigos, se enfrentan a la incertidumbre de no saber si volverán a sus departamentos.

Lizeth Lagunes, del edificio 3-C, contó a El Economista que desde el primer día de la contingencia comenzó a dormir en el parque. Fue a través de Facebook como comenzó a pedir ayuda a sus amistades, pues las autoridades no habían proporcionado algún tipo de apoyo.

“Nadie ha venido a pararse aquí y preguntar si nos hace falta algo, al menos aquí, he estado día y noche”, reprochó.

Dijo que la respuesta principal que esperan es dónde va a vivir tanta gente, la incertidumbre de no saber las condiciones en las que quedaron los edificios tras el sismo, aunado a las repercusiones emocionales que dejó.

“Mi hijo perdió a sus amigos (dos menores del 1-C), el trauma que él trae es muy fuerte. Ellos estaban siempre juntos jugando. He hablado mucho con él, diciéndole que es algo que pasa, fue la naturaleza”.

Lagunes criticó que las autoridades no hayan dado aún respuesta a las más de 500 familias desalojadas de los edificios, pues consideró que no es normal “que no les importe que la gente esté durmiendo en la calle, pasando frío”.

Marco Antonio Mena, del 3-C, departamento 218, vive desde el 19 de septiembre en el albergue instalado en la escuela Fray Eusebio Francisco Kino, situación que consideró “difícil”.

“Dormimos muy poco (...) Es muy pesado, hay muchísimo trabajo”.

Es en este lugar donde se alojan los más afectados del multifamiliar: los inquilinos del 1-C y del 3-B; el primero colapsó y el segundo tiene serios daños estructurales. Ahí la organización desde el inicio fue ciudadana. En un lado, la ropa; en otro, los alimentos, medicamentos; allá, colocar casas de campaña donadas y lonas para evitar la lluvia. Hasta hace un par de días fue cuando aparecieron las autoridades.

“Hay muchos vecinos totalmente shockeados, gente que le cuesta trabajo salir del albergue, perder una tiendita de campaña en donde está viviendo, son cosas muy tristes, son seres humanos que uno ve totalmente disminuidos, que les afectó mucho esta situación”, refirió.

Una vecina del 3-A que prefirió el anonimato criticó el ofrecimiento de 3,000 pesos del jefe de Gobierno para ayuda de renta, y manifestó que los donativos de recursos que se han realizado al Estado mexicano se podrían invertir en brindarle mejores condiciones de hospedaje.