Entre el 2006 y el 2014 la Cámara de Diputados erogó alrededor de 2.5 millones de pesos en cortes de cabello para los legisladores, exhiben documentos publicados por la plataforma ¿Quién Compró?.

De acuerdo con la investigación -que recopila datos y publica documentos para transparentar el uso del dinero público en el Congreso de la Unión- la Cámara ha destinado 2.5 millones de pesos en pagos por Servicios Relacionados con la Actividad Estilista a los CC. Diputados esto en los últimos ocho años.

El cálculo arrojado en la pesquisa -realizada con base en el Portal de Adquisiciones del Congreso y mediante solicitudes de transparencia-, se realizó a partir de los honorarios a los peluqueros. Hay un costo extra no computado por el espacio y utensilios para cortar el cabello.

¿Quién Compró? expone que los diputados tienen a disposición, sin costo, la Estética Jazmín, la cual se ubica en el sótano del Edificio E del Palacio de San Lázaro. Los estilistas se encuentran bajo el régimen de honorarios, no pagan renta por el espacio y los muebles del espacio fueron adquiridos por el Congreso.

Entre el 2006 y el 2009 dos personas, que reciben el pago por servicios de peluquería, recibieron al mes -cada uno- 8,947 pesos; por 48 meses de servicio la Cámara destinó 858,912 pesos.

A partir del 2010 el Congreso contempló un aumento para sendos estilistas y su ingreso mensual fue de 14,000 pesos cada uno. Ello representó un pago de 1 millón 680,000 pesos por 60 meses.

En total, en dicho lapso la Cámara de Diputados ha gastado 2 millones 538,912 pesos en pagos a los estilistas.

En el 2007, la diputada María Elena Álvarez Bernal, vicepresidenta de la Mesa Directiva, en una carta dirigida a la Secretaría General, demandó que el servicio no fuera gratuito. Pese a estas expresiones, el servicio permanece y la Cámara está obligada a pagar el mobiliario. El 16 de octubre del 2014, a solicitud del coordinador de la bancada de Movimiento Ciudadano, Ricardo Monreal Ávila, el Comité de Administración ordenó dotar de nuevos muebles a la estética.

ana.langner@eleconomista.mx