Bajo la inclemencia de los rayos del sol, muchos de quienes abarrotaron el zócalo capitalino dedicaron sonoras mentadas de madre con chiflidos a Felipe Calderón y a Donald Trump cuando los nombres del expresidente mexicano y presidente estadounidense fueron mencionados, desde el templete, por Andrés Manuel López Obrador.

Proporción guardada, rechifla similar recibió minutos antes una señora que, en la esquina de Soledad y Correo Mayor, a espaldas de Palacio Nacional, cerca de donde hablaba el presidente de México al conmemorar su primer año en el cargo, sólo pagó dos bolsos de mujer, expuestos en montón sobre la calle, e intentó llevarse tres.

“Revisa a la señora porque no pagó una bolsa”, ordenó quien dijo ser el dueño del negocio, megáfono en mano, subido en una silla para vigilar mejor.

El empleado cumplió la orden y, en efecto, encontró tres bolsos.

“Señora, no me robe. Vie...  ratera. ¿No le da pena? Un saludo para la ladrona”, azuzó el del altoparlante.

Y se escuchó la mentada.

“La mandó López Obrador”, terció el vendedor de al lado, quien dice también trabajar de dueño vendiendo mandiles, como el que trae puesto, a 65 pesos una pieza, 55 pesos si le compran tres, con la imagen impresa de López Obrador y frases como “cállate chachalaca’’ y “me canso ganso’’, entre otras.

Ambos se quejan, por lo bajo, de que este año no hay ventas.

No se quieren comprometer y prefieren reservar su nombre y no dar su opinión sobre si la poca venta es resultado de las políticas instrumentadas por el gobierno lopezobradorista.

Al cabo de un rato se animan.

“No sé, pero yo vendía hasta 1,000 bolsas al día, en esta esquina, y hoy es 1 de diciembre y vea, no hay venta. Nunca en mi vida había visto esto. La gente, sin dinero. Pobre gente. No sé si es su culpa o no de ese señor, pero desde que llegó nosotros no la hemos visto llegar. Vamos peor, la verdad”.

“Ya se fue un año; faltan cinco”, suelta el de los mandiles, quien revela haber votado por el tabasqueño y tener la esperanza de que, al final, López Obrador dará buenos resultados.

“Van a pasar los seis años, y no va a hacer nada”, resume el otro.

Ganamos poco

Sobre la calle Moneda, donde trabaja desde hace 16 años, de los 35 que lleva en el oficio, el organillero Arnulfo Isidro Torres pide encarecidamente al mandatario mexicano audiencia para su gremio.

Su bisabuelo, abuelo, padre y hermanos son organilleros, cuenta, y que quizá sus hijas, aún niñas, decidan serlo.

Por eso quiere pedir junto con sus compañeros a López Obrador, de viva voz, que los ayude para que las autoridades del gobierno capitalino los sigan considerando, para poder trabajar en la calle, parte de la cultura del país, no como vendedores ambulantes.

“Ganamos muy poco, a veces apenas 80 pesos al día. Hoy ya llevo 100 pesos, pero porque hay gente... Eso es lo único que le pido al presidente”.

Baño de pueblo

Camino al evento, contra esquina de la Catedral Metropolitana, Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores, se dejó querer.

Accedió a fotografiarse con todo aquel que se acercó.

¿Quién es ese? —preguntó un señor a su pareja.

Es el próximo presidente —le hizo saber su esposa.

“No creo”.

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