Después del primer debate, la guerra sucia arreció por todos lados y sonó la hora de implementar cambios. Quizá lo más interesante es que a la guerra de memes se suma la guerra de documentales y es en esta última donde el antipejismo lleva la delantera, sin que hayan cumplido su propósito del todo.

Desde el momento en que Carlos Slim cuestionó las intenciones de López Obrador con respecto al nuevo aeropuerto, han sucedido una serie de acontecimientos singulares. AMLO endureció su discurso, pero sus huestes llevaron el tema al extremo. Las arengas de Paco Ignacio Taibo II en contra de los empresarios, que según él quieren chantajear a Andrés Manuel —expropiarles las empresas y fusilar a los traidores, como castigo ejemplar—, cundieron por las redes sociales, generando pánico entre quienes dudan que el Peje pueda ser un buen gobernante. Ni el mismo López Obrador ha dicho la cuarta parte de lo que Taibo sugiere, por lo que Marcelo Ebrard —un político experimentado, aunque sin mucha legitimidad— tuvo que salir a desmentir lo dicho por el escritor. La endeble rectificación no tuvo mayor eco. Justo ese fin de semana empezó a correr el rumor de que por fin iba a salir un documental sobre el autoritarismo de Andrés Manuel y que iba a ser transmitido por Nat Geo, canal de tv de paga. El rumor parecía sustentarse en que por la CDMX circulaban cientos de camiones de pasajeros que llevaban mantas anunciado “próximamente” la serie El populismo en América Latina, en la que se veía una imagen en primer plano de López Obrador y, detrás de él, imágenes de Hugo Chávez, Juan Domingo Perón y de Lula da Silva. No era, precisamente, propaganda subliminal.

Desde octubre del año pasado, se filtró en columnas que Netflix iba a presentar un documental sobre el autoritarismo que iba a ser bastante lesivo a los intereses del Peje. El propio López Obrador dijo que ya había visto el documental, que estaba de flojera; la hipótesis del Peje es que fue financiado por Claudio X. González, conspicuo miembro de “la mafia del poder”, que habían pagado 100 millones de pesos a los realizadores para profundizar la guerra sucia en su contra.

El representante de Morena ante el INE impugnó el documental por considerarlo ilegal. Entre el jueves y viernes, varias empresas de cine y televisión aseguraron que no lo transmitirían y lo propio hizo Nat Geo. El viernes, la productora La División asumió la autoría de la serie, acusando a López Obrador de impedir su transmisión.

El domingo 29 de mayo por la tarde empezó a cundir por las redes sociales un mensaje con seis videos de una serie sobre el autoritarismo de Nat Geo y todo mundo, incluyéndome, nos fuimos con la finta de que era el famoso video sobre López Obrador. Pero resulta que no. Se trataba de la serie conducida por Álvaro Vargas Llosa que se llama Las consecuencias: América Latina al descubierto y que tiene capítulos sobre el populismo, el autoritarismo y las dictaduras que han asolado al subcontinente, pero no dice nada de López Obrador. El que sí ha externado su horror ante el Peje es Mario Vargas Llosa.

Los documentales están de moda. La semana pasada surgió el rumor de que habría otra serie que sería transmitida por Nat Geo del 7 al 13 de mayo, contando la historia del PRI de 1970 a la fecha. El nombre de la supuesta serie: México: un gran país, mal gobernado. Al parecer, es un bulo, otro más. Lo que no es bulo es el spot de Mexicanos Primero. No entiendo por qué el INE lo dejó al aire, no por la parodia, sino por el uso de la imagen de menores de edad. Éste sí fue pagado por Claudio X. González. El otro sigue siendo misterioso.

La segunda escaramuza tiene que ver con las encuestas. Del domingo 22 de abril al 1 de mayo, todos los reflectores estaban puestos para encontrar cualquier argumento que se pudiese usar en contra de AMLO. Tanto Anaya como Meade se desgañitaron cuestionando al Peje, el primero muy contento porque se le había considerado el vencedor del debate, el segundo porque su intervención no fue lo que se esperaba. Pero sucede que el electorado se comporta de una manera muy extraña.

La encuesta de Massive Caller insufló esperanzas a Por México al Frente. No es que lleven la delantera, es que la distancia entre el primer y segundo lugar se acortó como consecuencia del desempeño de Anaya en el debate. Independientemente de que fue el PAN el que pagó a la encuestadora para medir el impacto del debate en la ciudadanía, Anaya objetivamente está en segundo lugar, pero eso no significa que pueda rebasar a AMLO. Ocho puntos, en el mejor de los casos, no es empate técnico.

Si en algún momento Anaya pensó que ubicarse en el segundo lugar sería atractivo para que los priistas le dieran su voto útil, que lo olvide. El PRI, aún en la debacle, dará la pelea. El presidente Peña dijo que no negociará jamás la declinación de Meade a favor de Anaya, como supuestamente se lo pidieron algunos empresarios. Hasta el Peje lo felicitó por decir abiertamente que no negociará.

En paralelo, la estrategia de Meade ha sido golpear a López Obrador con el discurso del miedo; la de del PRI y del presidente, golpear a Anaya. El golpe de timón dado con el relevo de Enrique Ochoa en la presidencia del PRI —no sé qué pensarán los priistas de que un candidato ciudadano haya tomado la decisión de cambiar al presidente de su partido— llegó acompañado de la denuncia que hizo Claudia Ruiz Massieu ante la OEA por el enriquecimiento inexplicable de Ricardo Anaya, posiblemente por la vía del lavado de dinero. Lo que solicita el PRI es que la OEA dé a conocer a los estados miembros el contenido del expediente de la investigación judicial en contra de Anaya, como parte del compromiso del PRI con el combate a la corrupción a través de instrumentos internacionales firmados por México.

Mientras, con los resultados de las encuestas a su favor, Andrés Manuel se regodea pidiendo el voto para los candidatos de su coalición, tanto federales como locales, da entrevistas y deja que sus huestes se manejen por la libre. Taibo II, en entrevista concedida a El País, dijo que no le había gustado nada el corrimiento de AMLO hacia el centro y que personajes como Germán Martínez, expanista, y Esteban Moctezuma, expriísta, restan más que sumar. También dijo que Andrés Manuel tendrá que gobernar a decretazos. Todo un demócrata. Poco más y se convierte en el nieto predilecto de la Pasionaria.

Al mismo tiempo, López Obrador acudió a una entrevista con los periodistas de Tercer Grado. Se le veía casi a gusto. La entrevista fue a modo, lo dejaron hablar, aclaró algunos puntos que inquietaban, como el tema de las expropiaciones, llamó a Anaya mentiroso. Los periodistas no fueron incisivos. ¿Negociación por lo bajo? ¿Se acaba el enredo?