El crecimiento económico de los países no necesariamente impacta en las carencias de las personas, planteó Sabina Alkire, directora de la Iniciativa Oxford sobre Pobreza y Desarrollo Humano (OPHI, por su sigla en inglés).

La creadora, junto con su colega James Foster, del Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), cuyo objetivo es saber si una persona es pobre en función de las carencias que padece, subrayó que la sola pobreza por ingresos no es indicador del flagelo, porque existen carencias no monetarias que influyen en la situación de las personas, es decir, el ingreso no cuenta la historia completa de la gente.

De acuerdo con la especialista, en Europa, mientras 20% de la población sufre persistentemente carencias materiales, sólo 10% de la población es pobre por ingresos y sufre privación material.

Según su planteamiento, existe riesgo de pobreza por ingresos, por privación material severa y porque la gente esté sin empleo. Algunos, los que tienen una situación más precaria, tienen las tres carencias.

En entrevista explicó que, en el caso de India, por ejemplo, en la década de los 80 registró un importante desarrollo económico; sin embargo en 1998 reportó que 47% de sus habitantes menores de tres años estaba desnutrido.

Eso quiere decir que, además de crecimiento económico, es necesaria la intervención de los gobiernos a través de políticas públicas para garantizar que los beneficios de la mejora económica se compartan.

Esto puede ser a través de inversiones en programas de sectores prioritarios para la gente como educación y seguridad alimentaria, entre otros.

En ese sentido, destacó que contar con indicadores que midan la implementación de programas sociales, desde una perspectiva multidimensional, permite tener información que ayude a los líderes en política pública a hacer los ajustes necesarios para que las intervenciones sean más efectivas.

El sistema de medición de la pobreza ideado por Alkire y Foster consiste en identificar privaciones. Por cada persona se realiza un perfil de carencias que muestra las dimensiones de su pobreza.

Este modelo ha sido adoptado por varios países, incluido México, que conforman la Red de Pobreza Multidimensional en la que participan 58 naciones y alrededor de 17 agencias internacionales.

Su objetivo es lograr que las autoridades que toman decisiones para la implementación de programas, que tienen como objetivo combatir la pobreza, lo hagan con base en evidencia y conocimiento de la situación que viven las personas a las que se busca beneficiar y lo eficaz de las acciones a desarrollar.

Mencionó que hay gobiernos, como el de Costa Rica, que han colocado en sus leyes que las decisiones de política pública tienen que hacerse con base en la evidencia que existe de que lo que van a poner en marcha sí funciona.

Eso ha generado que se tengan buenos resultados en la implementación. Concretamente se ha logrado acelerar la tendencia a la baja de indicadores de pobreza.

La académica expuso que el objetivo no es sólo reducir las cifras de la pobreza, sino lograr que las personas beneficiadas con programas sociales sean líderes de sus propias vidas. Que tengan voz y empoderamiento social que les permitan descubrir y utilizar su propia imaginación y creatividad para progresar, abundó.

En ese sentido, destacó: “Yo veo que muchos países no tienen vínculos tan fuertes con los pobres y sus comunidades”.

Acotó que el objetivo de impulsar las mediciones en la implementación de programas sociales es que se puedan hacer los ajustes necesarios, aun cuando los gobiernos tienen sus propios intereses y prioridades.

“Lo que sí podemos hacer es que se reflexione cada año sobre los efectos de esas acciones, y podría captar su interés (de las autoridades) para mejorar la política pública”.