La pandemia del coronavirus está confrontando opiniones y acciones entre los mexicanos. En muchos casos tendiendo a extremos, como realizar compras de pánico o comportarse como si no existiera la pandemia, realizando afectaciones en ambos sentidos. Por un lado, las compras de pánico generan escasez de productos necesarios para la prevención de contagios, como alcohol, cubrebocas o desinfectantes. Por otro lado, la falta de atención a las medidas de prevención puede producir contagios.

Comprender la toma de decisiones de los individuos es tema de estudio bajo diversas perspectivas. Una de ellas es analizar las conductas del ser humano sobre preceptos socialmente o éticamente aceptados y generar estrategias para alinear dichas conductas, como es la economía conductual, cuyo principio se centra en que el ser humano tiene una racionalidad acotada.

Con base en lo anterior, existe un factor que podría explicar el comportamiento antes descrito. Los seres humanos tienen problemas para calcular los riesgos. En este caso dicha incapacidad para calcular los riesgos puede explicarse por dos sesgos cognitivos de acuerdo con la economía conductual. Uno sobre la comprensión de probabilidades de ocurrencia del contagio de la enfermedad y de las muertes por coronavirus (sesgo de negligencia de probabilidad). Otro por favorecer información que refuerza sus costumbres, creencias o hipótesis (sesgo de confirmación).

Al 30 de marzo, día en que se realizó la declaratoria de emergencia sanitaria nacional por coronavirus, en México existían 1,094 casos confirmados y 28 muertos. Si se toman en cuenta las estimaciones de CONAPO sobre la población en México de 127 millones de habitantes, habría un caso confirmado por cada 127,000 personas aproximadamente y una muerte por coronavirus por cada 4.5 millones de habitantes o por cada 39 casos confirmados.

Dichas proporciones cambian para la Ciudad de México con un confirmado por cada 41 mil habitantes aproximadamente, un muerto por cada millón de habitantes o por cada 25 confirmados. En el Estado de México serían de un confirmado por cada 127 mil habitantes y un muerto por los 17.4 millones de habitantes o por cada 205 casos confirmados.

Sin embargo, la probabilidad de ocurrencia es más compleja de calcular. No es lineal, seguirá incrementándose, obedece a la exposición de las personas al virus, tiene mayor incidencia en ciertos rangos de edad y, bajo ciertas circunstancias, depende de otros factores de salud. No obstante, estas características varían en cada región, por lo cual puede afirmarse que no se mantienen propensiones similares. Lo cual implica que, si bien las probabilidades de ocurrencia pueden ser menores en algunas regiones y con grupos demográficos en específico, por el contrario la

Incidencia de casos y mortalidad puede variar en otras regiones o bajo otros factores.

En este sentido, el comportamiento de sobrerreacción o de no acato de las medidas de prevención está acotado por los sesgos antes descritos y particularmente por la información de la cual se hacen llegar las personas. Sin embargo, más allá de la postura que cada persona adopte, la realidad es que la infraestructura para hacer frente a esta crisis no será suficiente si el número de contagiados se incrementa de forma exponencial, en este sentido, debemos asegurarnos de tomar acciones que rompan con los sesgos cognitivos y permitan que todos estemos alineados en un mismo objetivo.

Algunas estrategias que los gobiernos y la sociedad civil podrían implementar para alinear el comportamiento de dichas personas son combatir las noticias falsas y la desinformación, modificar la forma de mostrar la información para crear mayor consciencia, como realizar comparativos de información sobre conductas cotidianas, creencias o hipótesis de quienes se encuentran en los extremos. También podrían mostrar casos específicos y no generalizados, así como mejorar la forma de visualizar la información que publican.

Twitter: @pedrolichtle