Felipe Calderón Hinojosa pudo entrar al salón de sesiones de la Cámara de Diputados por la puerta principal hasta el 2012, cuando entregó la banda presidencial y con ésta el poder a Enrique Peña Nieto; seis años antes hubo de ingresar al recinto legislativo por la puerta de atrás para, en medio de la crisis política que provocó su cerrado triunfo en las urnas, poder rendir protesta como presidente constitucional de México.

Las acusaciones de fraude electoral de Andrés Manuel López Obrador, autoproclamado el 20 de noviembre del 2006 presidente legítimo de México y quien está a sólo unos días de asumir, en su tercer intento, el cargo de presidente constitucional de la República, derivaron en que los diputados federales del PRD, PT y Convergencia, integrantes de la coalición Por el Bien de Todos que postuló al tabasqueño, colocaran cadenas y candados en todas las puertas del salón de plenos de San Lázaro el 1 de diciembre de aquel año para tratar de impedir, sin éxito, la unción del entonces abanderado del PAN.

Tomada la tribuna por los propios legisladores panistas desde el mediodía del martes —previo a la ceremonia del viernes siguiente—, adelantándose a los perredistas ante el rumor de que estaban por hacer lo mismo para impedir la toma de protesta de quien llamaban espurio y pelele, el hoy expanista entró por la puerta de la sala de conferencias de prensa, lugar que fue ocupado por elementos del Estado Mayor Presidencial el mismo día que los panistas se hicieron del control de toda la zona alta del recinto legislativo; cruzó la zona conocida como tras banderas y, ante la sorpresa de muchos, ocupó el lugar del presidente de la Mesa Directiva de la Cámara baja.

Tres minutos duró la ceremonia oficial de rendición de protesta.

En lo que va del siglo XXI y en su calidad de mandatarios mexicanos, Calderón Hinojosa y Peña Nieto no pudieron hacer uso de la máxima tribuna del Congreso de la Unión el día que protestaron el cargo ante la falta de condiciones políticas.

La relación de Vicente Fox Quesada, quien postulado por el PAN en el año 2000 puso fin a poco más de 7 décadas de ejercicio del poder a cargo de militantes del PRI, como titular del Poder Ejecutivo federal inició mal con el Poder Legislativo desde antes de asumir el cargo.

Y es que el Congreso de la Unión denegó la petición del guanajuatense de autorizar que la ceremonia oficial en que el priista Ernesto Zedillo Ponce de León le entregó la banda presidencial a través del panista Ricardo García Cervantes, presidente de la Mesa Directiva del Congreso mexicano, se celebrara en el Auditorio Nacional y no en el palacio legislativo de San Lázaro, como ordena la ley.

Al momento de protestar el cargo, terco como es, modificó sobre la marcha el texto establecido en la Constitución para la toma de protesta y al que los presidentes de México están obligados a dar lectura, al agregar la frase “por los pobres y marginados de este país’’.

Fue a más:

“Hola Ana Cristina, hola Paulina, Vicente y Rodrigo”, saludó Fox Quesada, de entrada, a sus hijos adoptivos al hablar ante los legisladores federales, y hasta después expresó el tradicional “Honorable Congreso de la Unión” con que los mandatarios priistas iniciaban su alocución desde la máxima tribuna del país, la banda presidencial ya terciada al pecho. Habló durante una hora y media.

Por la mañana de aquel 1 de diciembre de hace 18 años, rompiendo el principio histórico de la separación del Estado y las iglesias, que mandata el Artículo 130 de la Constitución, fue a rezar a la Basílica.

Camino a San Lázaro, hizo una parada en el barrio bravo de Tepito; ahí desayunó con niños de la calle.

A su salida de la sede del Poder Legislativo, el exgobernador de Guanajuato enfiló al Auditorio Nacional para hablar ahora ante diez mil asistentes, luego de que su hija Paulina le regalara un crucifijo, y presentar a los integrantes de su gabinete.

De ahí se fue a Campo Marte a pasar revista y presenciar un desfile militar y luego a Palacio Nacional para encabezar una comida.

Entrada la tarde, llegó a verbena popular en el zócalo de la Ciudad de México —foxifiesta, hubo quien llamó a ese evento—, en que hubo espectáculo de luces, pirotecnia y cantaron los artistas Eugenia León y Manuel Mijares.

Luego de su tercer discurso del día en el sitio, Fox Quesada ofreció una cena en el alcázar del Castillo de Chapultepec para 200 personas, entre otros, los jefes de Estado y de gobierno que asistieron a su toma de posesión y empresarios mexicanos y extranjeros como Bill Gates.

#YoSoy132

Hace seis años, desde las 7 de la mañana del 1 de diciembre iniciaron las protestas violentas en los alrededores de la Cámara de Diputados encabezadas por jóvenes integrantes del movimiento #YoSoy132; en su intento por impedir la ceremonia oficial que representó el retorno del PRI al poder, después de 12 años, a través de Peña Nieto, personas con el rostro cubierto lanzaron petardos y derribaron algunas vallas metálicas con que elementos de la Policía Federal y civiles de corte de cabello tipo militar blindaron la sede legislativa.

Mucha gente resultó herida tras los enfrentamientos registrados también por todo el primer cuadro de la Ciudad de México, en inmediaciones de Palacio Nacional, segundo punto de destino en la agenda del mandatario mexicano número 21, desde Venustiano Carranza (1917-1920).

El mexiquense salió al filo de las 11 de la mañana de su casa de Lomas de Chapultepec, con destino a San Lázaro, para asumir su nuevo cargo.

Ceñida al pecho la banda presidencial que recibió de manos de Jesús Murillo Karam, su correligionario presidente del Congreso mexicano y futuro procurador general de la República en su gobierno —y que previamente había entregado Calderón luego de besarla—, el exgobernador del Estado de México enfiló rumbo a Palacio Nacional desde donde dirigió su primer mensaje a la nación, acto atestiguado por sus homólogos de distintos países que asistieron en calidad de invitados especiales.

Ahí asumió el presidente de México para el periodo 2012-2018 como su principal compromiso, lograr la paz en territorio nacional.

Peña Nieto comió ese día con jefes de Estado y representantes de otros países en el Castillo de Chapultepec.

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